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¡SORPRESA!: los tribunales de 6º ¡¡¡NO SON COMO CREÍAS!!! - (5-diciembre-2016 por Agustín Barahona)

No os asustéis por lo que os vamos a decir, pero muchos de vuestros hijos el año en que terminan sus estudios en un conservatorio profesional están siendo obligados a hacer cosas que no deben. Incluso también antes, pero eso será tema de otro artículo.

Desde el comienzo de la última reforma importante de la enseñanza profesional de la música, el proceso de evaluación del aprendizaje del alumnado de cara a su calificación ha sido el conocido como evaluación continua y la calificación en la asignatura de instrumento ha correspondido, como es lógico, sólo al profesor, que es el único capacitado para dar cuenta de esa evaluación continua y ayudar al alumno en función de la misma.

Sin embargo, desde 2007 en la Comunidad de Madrid (y mediante el Decreto 30 y la Orden 1031 del año siguiente) se introduce un elemento especial en el sexto curso de enseñanzas profesionales, el último y definitivo antes de obtener la titulación, llamado tribunal de 6º, que se encarga de la evaluación final del alumno.  Y con este elemento llegó el escándalo y la confusión, porque mientras que en realidad el legislador no había variado su criterio de que todo es evaluación continua los profesionales asumieron erróneamente (?) que dichos tribunales iban a ser una prueba y que dicha prueba iba a ser realizada sólo y exclusivamente por los especialistas de cada instrumento y, por tanto, por los miembros de los departamentos que eran profesores del instrumento que cursaba el alumno pero no eran profesores del alumno, como exige la norma, rompiendo así la evaluación continua.

Craso error: nada más lejos de la realidad.

Lo que los profesionales supuestamente «creyeron entender» de inmediato, quizá por una interesada lectura metonímica apresurada y sesgada de la norma o quizá porque la inspección no fue capaz de reaccionar adecuadamente –todo esto por decirlo suave y disculpativamente sin que realmente se merezca tras tantos años–, fue, inconcebiblemente, que tales tribunales «se oponían radicalmente a que las calificaciones las hiciera exclusivamente el profesor del alumno, interfiriendo así en la evaluación continua y a todas luces chocando con la normativa previa», pues según esta falsa concepción se dejaba aparentemente en manos de un tribunal ajeno, y no en las de su profesor, la calificación final de ese sexto curso y, con ello, la obtención del título correspondiente, lo cual va contra la propia norma, que dice con claridad que sólo el profesor decide la calificación final.

Y calculando, parece ser que a principios del curso 2009-2010, en una reunión de directores de conservatorios profesionales, se pusieron de acuerdo definitivamente para interpretar la Orden de Evaluación de esta forma contraria a lo que realmente dice la norma, ¡sin que la inspección se opusiera!, generando así no sólo un muy discutible procedimiento académico en todos los conservatorios profesionales de la Comunidad de Madrid –con el que mediante un examen único de unos cuantos minutos contra la evaluación continua podía contravenirse y contradecirse el juicioso criterio del profesor de la asignatura, y sin que nadie controlase cómo se hacía dicho examen inexistente en la evaluación ordinaria– sino además un comportamiento ilegal a todas luces.

Lo asombroso es que la inspección en lugar de corregirlo asumiera el malentendido como correcto permitiéndolo –¡y que aún siga haciéndolo a pesar de ser claramente ilegal!– y añadiendo incluso todavía más desmanes legales [!] que a cualquier persona inteligente le resultaban obvios, todo de un modo muy parecido a lo que hacía el entrañable personaje del Inspector Clouseau en las películas de la Pantera Rosa. Verán cómo.

Ante las consultas de los conservatorios en el curso 2008-2009 sobre por qué no se podía hacer como en el plan 66 esos tribunales recién instituídos, a pesar de que no hubiera prueba alguna instituída para la evaluación ordinaria,  la inspección estudió el caso para la Subdirección General de Ordenación Académica y desde allí se dieron directrices a todos los conservatorios, instruídas por la inspección, recordando que los tribunales eran sólo una herramienta más de la evaluación continua –hasta ahí todo correcto– pero a la vez desdiciéndose, al dar instrucciones para que los departamentos establecieran un sistema de puntuación que permitiera que la nota de la evaluación continua que establecía el profesor fuera contravenida por la de profesores que no habían tenido absolutamente nada que ver con la formación del alumno examinado mediante ponderaciones resultantes de porcentajes de la nota de evaluación continua y la del tribunal [!].

Pero ¡ahí no acaba el caos!, porque se dejó que en cada conservatorio, en cada departamento incluso, se pudiera establecer un porcentaje para la ponderación completamente distinto. Como resultado, durante la última década –¡que ya está bien, y se dice pronto!–, dependiendo del departamento o conservatorio al que estuviera adscrito un alumno podía tener la suerte o la desgracia arbitrarias de encontrarse con ser un alumno excelente, por ejemplo, cuyo profesor así lo reconociese, pero que por cualquier circunstancia el tribunal lo valorase de otro modo en ese único momento y que en ese caso se hubiese determinado que la nota del profesor valiese sólo un 30% de la nota final del curso y la del tribunal un 70%. Y en el examen de al lado, o del conservatorio de al lado, un alumno adscrito a otro departamento u otro conservatorio podía estar en las mismas circunstancias que el otro pero del revés, es decir, que la nota de su profesor valga el 70% y la del tribunal valga el 30%.

Con lo cual, ¡atención!, el valor real académico de la calificación final de un alumno de 6º no tiene significado alguno siendo además una calificación irregular establecida arbitrariamente en agravio comparativo de departamentos y conservatorios, sin que la Alta Inspección parezca haberse enterado tampoco de nada en todos estos años [!].

¡EL FAQ (PREGUNTAS FRECUENTES) QUE TODO CONSERVATORIO PROFESIONAL DEBE CONOCER!

En estas circunstancias, muchos docentes dieron la voz de alarma al principio del problema explicando por qué estos tribunales no estaban siendo realizados como se debía. Pero como suele ocurrir, la Administración no les hizo ni caso, quizá porque la Administración nunca se equivoca y es omnisciente, ¿verdad?

Los años han pasado y como nada ha cambiado y se siguen realizando irregular y antiacadémicamente estos tribunales varios docentes nos hemos decidido a poner en manos de la comunidad internacional y del conocimiento público todos estos hechos, con el fin de que puedan ayudar a otras personas a actuar correctamente no aceptando ninguna otra cosa que no sea que se cumpla estrictamente la norma. Pero como sabemos que no todo el mundo suele tener acceso a este tipo de análisis, hemos fabricado un FAQ (acrónimo del inglés Frequently Asked Questions –preguntas frecuentes–) que no es más que un sencillo par de hojas que contienen todo lo que hay que saber fácilmente para realizar de un modo legal y académicamente correcto la evaluación final de 6º mediante los tribunales que la norma instruye en convocatoria ordinaria en los conservatorios de la Comunidad Autónoma de Madrid, España.

Así pues, aquí lo tenéis, pinchad sin miedo: FAQ (preguntas frecuentes) sobre los Tribunales de los exámenes de 6º curso de Grado Profesional en los conservatorios profesionales de música de la Comunidad Autónoma de Madrid, España. ¡COMPÁRTELO EN TODAS PARTES!

Si tenéis dudas no resueltas por el FAQ podéis aportarlas aquí mismo como comentarios y procuraremos resolvéroslas, aunque pensamos que todo lo que hay que saber para hacer las cosas bien está ya recogido en este documento. ¡Adelante, que nadie más vuelva a realizar incorrectamente estos tribunales!

DIFUNDID POR TODAS PARTES ESTE VITAL ARTÍCULO

La Seguridad Social se burla de los funcionarios - (6-junio-2019 por Agustín Barahona)

Esta historia que me han contado es totalmente verídica, pues conozco a su víctima desde hace mucho tiempo, creo que lo suficientemente bien, y, además de que sé que no tiene motivo alguno para mentirme y me ha presentado las pruebas fehacientes de su relato, conozco casos parecidos en circunstancias parecidas y con resultados igualmente grotescos por parte de la S.S. Hablaré de esta persona en género neutro, pues no quiero dar pistas de quién es ni de si es hombre o mujer o de ningún otro detalle que no sea estrictamente lo que es pertinente en lo que voy a contaros, que es lo único que importa.

Nuestra sufrida autoridad protagonista es una conocida, simpática, amable y eficiente persona que ejerce su trabajo en el funcionariado docente de carrera, profesor de instrumento musical en un conservatorio profesional de música. Nuestro amigo, entre otras circunstancias, está de baja por una enfermedad degenerativa que, además de mantener permanentemente dolorido todo su cuerpo, le impide mover su aparato esqueleto-muscular con la libertad, habilidad y agilidad mínimas necesarias y, por tanto, lógicamente, le impide también y especialmente poder dar clase de su instrumento, pues no puede ejemplificar ni corregir ni en positivo ni, mucho menos, en negativo nada de lo que sus alumnos deben poder entender fácticamente por medio del ejemplo.

Una mañana es llamado a una rutinaria y supuesta revisión médica del Instituto Nacional de la Seguridad Social (en adelante INSS). El asunto se debe, al parecer –aunque en la convocatoria no le especifican nada–, a que lleva más de cuatro meses de baja y por lo visto a los del INSS se les ha pasado hacer dicha revisión a tiempo, ya que están en el 6º mes de baja.

El amable profesor se presenta por la mañana en el centro citado a la hora convocada munido de los informes actualizados que sus especialistas le aportan tras sus periódicas revisiones. Al llegar, tras coger número y llegarle su turno, llama a la puerta que le indican y allí le reciben dos misteriosos personajes de bata blanca –diremos que uno barbado y el otro no, para distinguirlos en el relato– que no se identifican y que supone que habrán de ser médicos, puesto que es una revisión médica lo convocado.

Le llaman condescendientemente por su nombre de pila y pasa a la sala saludando a los supuestos médicos y tomando penosamente asiento, debido a sus dificultades de movilidad. Allí, tras un primer silencio aparentemente asemántico e innecesario, le preguntan si ha traído los informes médicos y tras responder afirmativamente los entrega a uno de los dos níveos batados que sale con los papeles a hacerles fotocopias mientras el otro, el barbado, pide al muy paciente datos personales para rellenar la ficha. Al cabo de unos minutos el que fue a hacer fotocopias vuelve con ellas y le devuelve los originales al paciente mientras entrega las fotocopias al otro albo personaje de las barbas. Éste lee en cruzado los informes en unos segundos y los deja sobre la mesa.

El barbado que rellenaba los datos personales del paciente pregunta a éste que cómo se encuentra. –«Ya ve, con esta enfermedad degenerativa tan impedimental» –comienza a contestar la persona interpelada. Y mientras ésta intenta continuar detallándole los entresijos de sus enfermedades y de cómo le impiden éstas hacer evidentemente su trabajo, el barbado se le queda mirando una mano y, de repente, como si no hubiera estado escuchando ni una palabra de lo que nuestro paciente amigo le decía, le interrumpe: —«¿Eso que tiene en el dedo es una verruga…?» –«Sí», –contesta el asombrado paciente. —«A ver, déjeme que lo vea con más detalle…», –le dice el barbado mientras le toma la mano con delicadeza, como si fuera a besársela, y mira detenidamente la verruga que estaba en el extremo de un dedo acercando su cara con arrobo y moviendo sus gafas, como quien enfoca un microscopio. Al cabo de un rato de investigación verruguil, el barbado devuelve suavemente mano y verruga a nuestra persona protagonista, aún epatada por la situación, y le dice: –«Bueno, pues es todo; recibirá noticias de sus jefes, que, en virtud de mi informe médico, ya le dirán qué han decidido que debe usted hacer» –y ahí terminó la supuesta «revisión médica».

Casi tres meses después del episodio, fuera ya de todo plazo para poder recurrirlo (en caso de que nuestra persona protagonista no estuviera de acuerdo con el resultado), después de haber requerido administrativamente al INSS varias veces el citado «informe médico» de la «revisión», le llega a su domicilio un correo certificado del INSS. En él, el barbado le decía a esta asombrada persona, tras un minucioso examen de sus enfermedades, cuyos informes médicos y medicación copiaba allí al pie de la letra, como informe «clínico-laboral» –y cito textualmente–:

«Considero terapéutico la incorporación laboral para mejorar autoestima y no perpetuar conductas evitativas».

Y le daba de alta forzosa [!!!].

Es lo que debió de colegir de la existencia de esa verruga que tanto estudió y que constituyó el único examen supuestamente médico real que sufrió el paciente en la convocatoria, a pesar de que no había declarado esa verruga como enfermedad de nada ni afectaba en absoluto a su baja.

Por supuesto, nuestra persona protagonista no le hizo ni caso y simplemente se limitó a enviar una carta al INSS declarando el supuesto informe no sólo nulo de pleno derecho, tal como sus amigos le instruyeron, sino además un documento completamente burlesco tanto de la salud de los empleados públicos, como de enfermedades muy graves, así como del trabajo que realizan todos los músicos del mundo que entregan su vida a la formación de instrumentistas y amantes de la música.

Seguridad social. Ningún respeto.

A día de hoy nuestra paciente víctima sigue de baja y cada vez en un estado peor, como es de esperar en una enfermedad degenerativa que además es acompañada por varias otras. Y el barbado del INSS debe de seguir igualmente por ahí recomendando idioteces semejantes a personas honestas que se hallan en circunstancias dramáticas mientras se burla claramente de ellas y de la patética sociedad en que vivimos y que lo permite.

LA PRESIÓN MEDIOCRE QUEMA Y EXPULSA A LA AUTENTICIDAD Y EL GENIO: PEDRO VILARROIG DEJA LA MÚSICA - (17-enero-2019 por Agustín Barahona)

¡Qué terrible tristeza! En adelante la Verdadera Música Clásica estará más sola frente a los absurdos detractores de la Autenticidad y aunque espero que podremos disponer de la grabación de todos sus hermosos trabajos perdemos la posibilidad de la creación de sus obras más bellas que, como siempre, son las que están aún por crear. No tengo palabras:

_______

PEDRO VILARROIG DEJA LA MÚSICA 🙁
_______

Pedro Vilarroig:

«Encarnar como compositor es sin duda alguna, una cura de humildad pero cuando la dosis de esta medicina se vuelve excesiva, puede provocar que una persona adquiera el complejo de sentirse un ser inferior. Así que ha llegado el momento de marcharse. Estoy cansado de vejaciones, humillaciones, desaires, ninguneos y malos tratos psicológicos ya que creo merecer el mismo respeto que cualquier otro ser humano, ni más ni menos. Un dicho reza que “La vida acaba poniendo a cada cual en su sitio” y es mejor que seamos nosotros mismos por propia voluntad quienes lo ocupemos porque si es la vida quien lo hace, lo va a hacer de manera traumática. Así que desde hace mucho que llevo planeando esta retirada y hoy hago público que dejo oficialmente la música. A partir de este momento me vais a disculpar que no vaya a vuestros conciertos ni que me apunte a eventos musicales porque mi dedicación va a ser para cosas mejores y más gratificantes. Tengo algunos compromisos adquiridos que sin duda voy a atender pero una vez completados no quiero saber nada de la música. He cerrado mi página web, he presentado mi dimisión para los cargos de carácter musical que tenía en la UPM, me he dado de baja en asociaciones de compositores y abandonaré los grupos musicales de Facebook en los que estaba apuntado. Considero que haber dedicado cuarenta años a la composición no ha sido más que un error que ha conllevado una lamentable pérdida de tiempo que podía haber dedicado a otras cosas mucho mejores, así como una fuente de disgustos y vejaciones pero equivocarse es ley de vida y no podemos saber a priori si lo que vamos a hacer es un acierto o un colosal error. No pienso componer ni una semifusa porque desde mi nueva óptica lo considero una soberana estupidez, y probablemente en cosa de un año complete la operación cerrando mi canal de Youtube (ahora no puedo hacerlo porque tengo cosas para mis alumnos). De ahora en adelante me sumo a la famosa frase de Napoleón: “La música es el menos molesto de los ruidos”, matizando que estoy en total desacuerdo, ya que hay muchas músicas mil veces más molestas que el ruido. Ya no me interesa lo más mínimo el sonido artificial y prefiero el natural del viento, las olas, los pájaros, los truenos y las cascadas. En cuanto al mundillo que rodea al sonido artificial mejor ni hablamos porque me produce bulimia. No es más que un desfile de egos, envidias, hipocresía, falsedad, soberbia, engreimiento, egoísmo, compadreo, zancadillas, ingratitud, mala fe, prepotencia, falta de ética, materialismo, estupidez, tráfico de favores, ninguneo y en definitiva un mundo despiadado que más bien se parece a la selva que a una sociedad humana.
El siguiente paso que me planteo es si seguir con esta cuenta de Facebook. Dentro de nada voy a ser una persona muy poco interesante y no voy a tener nada que comunicar por lo que puede que lo mejor sea dedicarme en mi casa y a mis cosas. Así que, como diría el Terminator:
Sayo nara, baby

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Todo artificio que pretende pasar por música sin serlo… - (6-enero-2019 por Agustín Barahona)

Del mismo modo en que se denomina pseudociencia a cualquier producción que pretenda ser ciencia sin serlo, es decir, sin seguir las reglas que hacen a una producción y concepción humanas poder ser clasificadas bajo la égida de la Ciencia, a toda cosa que quiera ser hecha pasar como música sin ser música, es decir, sin seguir las reglas que hacen que algo pueda ser considerado socialmente como música, la denominaremos en adelante pseudomúsica.

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