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¿Puede el número dirigir por encima de la razón?: el engaño de la democracia. - diciembre 22, 2017 por Agustín Barahona


«La democracia no funciona, no ha funcionado nunca ni puede funcionar; es un problema lógico y ontológico. Como han venido diciendo todos los grandes sabios desde la antigüedad: la suma de ignorancias no da la sabiduría.

La democracia sólo genera la ilusión de que funciona cuando quienes participan coinciden en voto, que es precisamente cuando la democracia sobra, porque el resultado sería igual con o sin ella.

Sólo funcionaría siendo algo distinto a lo que hoy se maneja falsamente como democracia y siendo ésta sólo la etiqueta de un sistema eficaz que en nada se pareciera a ella, volviendo entonces a la situación de que no se estaría ante una democracia, tal y como en nuestros días se entiende, es decir, en un sistema basado en la toma de decisiones bajo el marco legal que lo define mediante los votos indiscriminados de lo ciudadanos, locura que, paradójica y obviamente, en la práctica no se aplica ni se puede aplicar a ningún otro nivel de la vida eficaz civilizada de ninguna empresa humana porque sabemos de antemano que fracasaría, pues poner en manos del número de opiniones ignorantes algo que para su eficacia requiere del conocimiento especializado sería un modo seguro de destruirlo.

El único sistema político votacional que funcionaría sería aquél en que los participantes tuvieran que razonar el voto coram logico iudice modo, cuando fuera necesario por estar ante dilemas o polilemas, del mismo modo en que la verdad de unos hechos se procesa en una sala jurídica, donde por necesidad ontológica se ha de tener en cuenta la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. Y en este último caso habría que demostrar primero, para poder tener la libertad real de participar, que no se es un analfabeto a ninguno de los niveles necesarios para tales responsabilidades.

La gente olvida constantemente que quienes inventaron el sistema del voto sabían que no todo el mundo está capacitado para votar, sólo el demos, que conceptualmente era un determinado tipo de calidad demostrada de ciudadano. Hasta que los seres humanos no se den cuenta de esto seguirán engañados siendo títeres de quienes perpetuamente mueven los hilos de este teatrillo de guiñol beneficiándose.

Ojalá algún día podamos vivir en Gnoseocracia con sus cuatro pilares de poderes independientes del estado –Educativo, Legislativo, Ejecutivo y Judicial– que garantizan la justicia y el bien social e individual.» [Agustín Barahona]

Would you let anybody to steal a piece of your country and be accused of being repressive for not allowing it? - noviembre 2, 2017 por Agustín Barahona

«Dear stranger, dear international informers and reporters:

¿What would you do if some rebel politicians of your country decide to shamelessly steal you your region trying to pretend they are victims of a completely unexistent repression trying to cheat international reporters –laughing at them– by presenting you as a villain?

Well, ***that is what Puigdemont & Cia are trying, lying even to their mothers, if necessary***

Please, bear also in mind this thought: Why the hurry of Catalan ex-leaders for stealing that part of the country? Because on 1-1-2018 Andorra will inform Europe of its bank accounts of all of them.» [Agustín Barahona].

Dear strangers: ¿what would you do if some rebel politicians of your country decide to steal you your region?

Publicado por Agustin Barahona en Jueves, 2 de noviembre de 2017

¿Es malo usar sarcasmo? - noviembre 1, 2017 por Agustín Barahona

sarcasmo

«Siempre que se puede elegir, es preferible usar la ironía, en cuanto mayor grado de finura inteligible mejor, que el puro y básico sarcasmo.

Sin embargo, no es malo usar el sarcasmo, sino usarlo injustamente.

Dejando de lado la ofensa, que siempre en enjuiciable sólo subjetivamente y por ello no es medible fuera del que se siente ofendido –lo que para algunos puede ser ofensa para otros puede ser halago–, el mal trato que conlleva el sarcasmo sería inadecuado si no fuera para poner didácticamente en evidencia con pocas y contundentes palabras y en defensa propia una situación injusta que de no exponerse así consumiría injustamente mayor energía que la que el asunto requiriese justamente. Por lo tanto, sólo es malo el trato incómodo y duro que se aplica sin justicia.

De hecho, todos los países del mundo civilizado tienen reconocido en sus cartas magnas ese tipo de trato justo y corrector de la autoridad como un castigo acorde y coherente con un mal comportamiento –el mal trato de la cárcel no es agradable para nadie–. Por lo tanto, quien usa el sarcasmo como castigo didáctico lo usa no sólo en legítima defensa cuando es respuesta a un ataque previo sino que lo usa también con justifica y eficacia» [Agustín Barahona]

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