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Categoría: Lingüí­stica

Escritos relacionados con el estudio científico de la Lengua.

¿SIRVE DE ALGO PEDIR RESPETO PARA ALGO INCORRECTO? - noviembre 17, 2022 por Agustín Barahona

«El respeto no es en las ideas argumento de nada, pues quien lo pide para su idiotez ha de asumir que se lo debe a su vez a lo que demuestra que es idiota.» [Agustín Barahona]

NO ES MUY CIENTÍFICO NI INTELIGENTE CONFUNDIR LAS CARACTERÍSTICAS FUNCIONALES DE PATRONES EMERGENTES CON «CÓDIGOS» - octubre 23, 2022 por Agustín Barahona

DEDICADO A LOS INFELICES Y CIENTÍFICAMENTE ANALFABETOS RELIGIOSOS DEL POCO INTELIGENTE «DISEÑOINTELIGENTISMO» QUE INSISTEN INJUSTIFICADAMENTE EN SEGUIR CREYENDO QUE EL ADN ES «UN CÓDIGO LINGÜÍSTICO» QUE TRANSMITE MENSAJES ENTRE COSAS INANIMADAS PARA QUE PUEDAN ÉSTAS TOMAR DECISIONES NO-AUTOMÁTICAS.

Creer que el ADN es un «código» porque los biólogos así lo mencionan metafóricamente es, además de no saber lo que es realmente un código que permite realizar tareas concretas preprogramadas en las que se han puesto de acuerdo emisor y receptor, no saber tampoco lo que es un recurso retórico-estilístico de sentido figurado como la metáfora, como creer que el tiempo es un elemento de la tabla periódica sólo porque decimos que es oro; o que el ánimo puede subir y bajar en vertical sólo porque metafóricamente hablamos de tener el ánimo levantado o hundido; o creer que el coraje es un tipo de arma porque decimos armarnos de coraje; o que nuestro corazón puede ser frío y pétreo o estar en llamas sólo porque a veces mencionamos que está inflamado en llamas o es de piedra; o creer que el dolor es un tipo de herida cicatricial o arma punzante porque decimos que deja cicatrices; o que hay gente verdaderamente pequeña porque Hacienda la tiene bajo la lupa; o creer que hay gente cuyos conocimientos son fotónicos porque nos iluminan con ellos; o creer que el vecino es un robot porque perdió un tornillo. Etc.

Ya he explicado en numerosas ocasiones y también aquí en mi blog que el ADN no es un código sino una patronificación y que el uso metafórico de la referencia al término «código» se debe a que muchas veces no son los especialistas científicos en la nominación adecuada de términos, los lingüistas, los que dan nombre a las cosas, sino que son los científicos de la cosa estudiada los que suelen improvisarles nombres muchas veces muy desafortunados, nombres que una vez que calan en la cultura popular son difícilmente corregibles o redimibles y que obligarán por siempre a tener que estar necesariamente explicando que tras el nombre no hay más que una licencia poética, una mala comparación o el uso inadecuado de un término. Si además le añadimos a estas malas costumbres la costumbre igualmente nefasta de metaforizar en ciencia los nombres, las cosas y las funciones con la falsa creencia de que de ese modo el público comprenderá mejor de lo que hablamos entenderemos por qué muchas veces cosas que deberían ser muy fáciles de entender en ciencia son vistas como verdaderos arcanos –que en absoluto lo son– por mucha gente. Ya decía hace mucho tiempo el filósofo Baruch Spinoza que la mayoría de los problemas del ser humano vienen por no saber dar el nombre correcto a las cosas, como ya mencioné en la referida reflexión de mi blog antes señalada. De hecho con esta actitud tomada erróneamente por didáctica lo que se hace es incurrir en la falacia de la búsqueda de la moneda donde hay más luz y no donde se cayó.

Patronificación del ADN

Suponiendo, por cortesía –porque de lo contrario habría que presuponer mala fé–, que se trata de que los diseñointeligentistas ignoran que la expresión «código genético» es siempre una expresión metafórica, es decir, en sentido figurado y no real, pero que se utiliza a menudo porque la analogía es a veces productiva en algunos aspectos pragmáticos, se comprende que al pensar que se trata de un código real, en su sentido lingüístico –para más datos y a juzgar por lo que dicen que es–, puedan intentar argumentar que como todo código es «algo diseñado inteligentemente» la sola existencia del código genético sería una prueba de que existe un diseñador inteligente no-humano detrás del mismo. Sin embargo, no deja de ser llamativo que la inmensa mayoría de los incorrectos argumentos que usan estos religiosos se debe siempre a su vez e invariablemente a usos incorrectos de las palabras.

Patronificación en las placas sonoras de Chladni

El significado original del término «código» es un «conjunto de normas legales sistemáticas que regulan unitariamente una materia determinada» y, por extensión, tanto la recopilación sistemática de dichas normas como también las normas de cualquier materia (véase el DLE de la RAE). De aquí derivaron otros significados por los procedimientos lexicológicos habituales, como los identificadores –a partir de las reglas necesarias para determinar legalmente la identidad de alguien mediante caracteres alfanuméricos– y contraseñas y también los significados criptológicos –reglas legales sistemáticas que enmascaran un texto que era directamente legible para que sea ilegible y sólo quienes poseen las reglas originadoras puedan decodificarlo– o los significados lingüístico-gramaticales –donde las reglas representan la morfosintaxis que determina qué oraciones están correctamente formadas a partir de un vocabulario para poder transmitir y después decodificar correctamente los significados oportunos–.

Patronificación resultado de la superposición de reglas que generan entramados

Sin embargo, es obvio que el ADN no es un tipo de código sino, por resumir, un polímero compuesto por unidades químicas llamadas nucleótidos de las que hay cuatro tipos que los seres humanos hemos denominado distintivamente: adenina, guanina, citosina y timina (que es un tipo de uracilo metilado) –aunque a veces puede aparecer en el lugar de la timina uracilo sin metilar a pesar de que el uracilo es más habitual en las cadenas de ARN–. Y las relaciones normativas que se establecen entre estos componentes no son sincrónicamente arbitrarias, como deberían ser en los pretendidos lenguajes de los que habla el diseñointeligentismo, sino que vienen predeterminadas por la naturaleza misma de sus propios componentes y la capacidad e incapacidad en dicha naturaleza de determinadas combinatorias. Por ejemplo, los nucleótidos se atraen químicamente por parejas: la adenina se junta sólo con la timina y la guanina sólo con la citosina y ambas parejas se mantienen unidas por el así llamado puente de hidrógeno. Es decir, que los componentes del ADN no se han puesto de acuerdo entre ellos para usar arbitrariamente códigos con determinados significados, como se requeriría para que pudiéramos hablar de un lenguaje, sino que sus relaciones vienen preestablecidas por leyes químicas –y físicas, ultérrimamente– y por las propias dinámicas extraordinariamente complejas generadas por éstas.

Patronificación resultado de la aplicación de la simple regla 30 de Wolfram

Hay que partir pues del hecho de que ni el ADN ni el ARN son seres sensibles con voluntad para tomar decisiones, sino que son objetos cuyas acciones dependen de relaciones y reacciones químicas que siguen patrones muy concretos y dichas relaciones y reacciones producen que la sola presencia tanto del ADN como del ARN funcione resultativamente como facilitadores o aceleradores de procesos igualmente químicos quedando finalmente ellos mismos igual que como estaban antes de dichos procesos. Y ninguno de ellos ni ninguna de sus partes pueden actuar de otra forma que no sea ésa, es decir, sus movimientos, tanto los químicos como los mecánicos, son totalmente automáticos e invariables ante la presencia de cada patrón. La versatilidad del carbono, con la ingente cantidad de cosas que sus diversas combinaciones pueden hacer, no debe ni puede ser jamás confundida con diseño.

Patronificación emergente resultado de autoorganización de sistemas complejos

De hecho, la disciplina llamada Morfogénesis, que es la parte de la Biología que estudia cómo se forman y evolucionan los caracteres morfológicos de los seres vivos, tiene en ella implicada siempre a la matemática, no a la lingüística. El famoso Alan Turing, el matemático que fue el padre de la informática, ya en los años 50 del siglo pasado estudió cómo desde la propia matemática podía explicarse a la perfección el desarrollo de las formas como motor en la química. En un artículo muy conocido (The Chemical Basis of Morphogenesis) explicó, mucho antes de que pudiera comprobarse, cómo se podía dar cuenta de cómo se llegaba al desarrollo biológico de determinadas formas, en especial en los procesos morfogenéticos de gradientes que dan origen a los cinco dedos de una mano. No hace mucho, en un artículo titulado Digit patterning is controlled by a Bmp-Sox9-Wnt Turing network modulated by morphogen gradients en la revista científica Science, agosto de 2014, Vol. 345 nº 6196, pg 566-570, se han confirmado como correctos los cálculos y la dirección de los estudios e hipótesis de Turing.»

[Agustín Barahona]

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Véase también QUE NOOO, QUE EL ADN NO ES UN CÓDIGO

LO QUE LA GENTE ENTIENDE EQUIVOCADAMENTE POR «DEBATE» - octubre 21, 2022 por Agustín Barahona

En este texto que sigue puede verse con claridad qué entiende equivocadamente el ciudadano medio por «debate» debido, originariamente, a la mala influencia de los medios de comunicación y a la consiguiente mala praxis diaria siguiendo el mal ejemplo y el caos conceptual.

En cuanto esta persona vió que había hecho pública su petición quedó claro que no pretendía realmente contrastar ideas para mejorar sus conocimientos, pues esto que sigue en formato de cita es lo que me respondió y detrás lo que yo le respondí.

«Estimado amigo, lamento mucho que no haya entendido usted nada de mi propuesta. Aunque tal vez haya sido yo quien no se ha explicado con la suficiente claridad. En cualquier caso le agradezco que me haya contestado. Un cordial saludo.»

Mi respuesta inmediata:

«Estimado Xxxxxxx, es porque he entendido completamente lo que usted ha dejado por escrito en su propuesta por lo que, precisamente, le he respondido lo que le he respondido. Pero comprendo –precisamente porque comprendo su propuesta–, que no quiera usted hacerlo en público y con ello tener la oportunidad de que más gente pueda ayudarle y que nuestra conversación pueda ayudar a otros. Un cordial saludo».

Esta persona, a pesar de lo que me dijo, siguió escribiéndome, lo que confirmó completamente lo que pensaba, añadiendo ahora que me doy cuenta de que tiene miedo a exponer sus ideas bajo su nombre, por lo cual no debe de estar muy seguro de ellas.

Copio su texto e intercaladamente mi respuesta.

«Buenos días Agustín. Presumo que debe usted ser joven vista su afición por debatir. Si relee mi primer mensaje vará que yo le proponía CONTRASTAR ideas, es decir DIALOGAR, buscar fortalezas y debilidades a las ideas y conocimientos, eso si enriquece.

«Se equivoca, amigo, de arriba a abajo. Lo de joven es relativo. Pero todo lo otro no lo es. Debatir es precisamente una forma de diálogo que sirve para contrastar las ideas siguiendo las reglas de la lógica y la capacidad de verificar lo aducido como hechos. Es básicamente lo que se hace o debería hacerse en cualquier sala de justicia, donde lo que se dirime es tan importante que requiere sine qua non de este método por su fidedignidad y eficacia en conseguir la verdad.»

El debate es confrontación, lucha.

«Dialogar para contrastar ideas es precisamente lo que es, luchar dialéctica, lógica y contrastivamente por ver cuál es la idea correcta a través de una serie de herramientas cuya eficacia tiene miles de años y nos han llevado al culmen de la civilización actual.»

En el debate cada cual busca que prevalezcan sus ideas, incluso aún si ve que está equivocado.

«Lamento que haya usted creído que debatía de ese modo cuando lo hacía. Lo que usted refiere es sólo conferenciar, no debatir. Eso es lo que usted hacía. Usted, por lo tanto, nunca ha debatido.»

En mis 71 años he visto cientos de debates de todo tipo, políticos, científicos, sociales, etc. Jamás en ninguno de ellos se ha dado el caso de que alguien cambiara de opinión, sino que cada cual sale diciendo que sus argumentos han sido los mejores.

«Eso que usted refiere no son debates sino monólogos erísticos o autopropagandísticos, como los que acostumbran a regalar los mal llamados «políticos», por ejemplo. Y disculpe, pero cuando dice «científicos» estoy seguro de que no ha visto nunca un debate real entre auténticos científicos.»

Si el debate lo hace usted en un foro público, donde junto a gente bien formada y educada, existen cantidad de fanáticos ignorantes, un debate en redes se convierte en un circo, donde no suelen faltar las descalificaciones y hasta insultos.

«Cualquiera de mis foros tiene garantizado un trato correcto conforme a las reglas de los debates –que, como usted sabe, presiden mi muro–. Nadie que actúe honesta y eficazmente –es decir, siguiendo las reglas de los debates– puede verse mal afectado en ningún extremo. Además, cualquier trol –es decir quien molesta por no ser honesto y no seguir las reglas de los debates– es expulsado de inmediato sin miramiento alguno, porque eso es precisamente lo que garantiza la calidad de los contenidos. No, amigo mío, parece que usted no ha participado nunca en un debate jurídico o en un debate científico y por eso cree que un debate es cualquier cosa a la que alguien sin la formación adecuada llame debate. Al parecer de-bate de béisbol, por lo que usted dice.»

No amigo mio, en esos debates nadie aprende, ya hice muchos en mi vida, ahora no me interesan, y mucho menos en el circo de las redes.

«No, no ha hecho ninguno, por lo que cuenta. Lógicamente en esos monólogos erísticos y propagandísticos de los que usted habla no se aprende nada más que la cantidad de atropellos a las reglas de los debates perpetran sus participantes.»

A mi edad tengo más intereés por aprender que cuando era joven y creía saberlo todo.

«Lamento este defecto que ha afeado su vida. Lo normal es ser consciente de que por mucho que se sepa nunca se acaba de saber, por lo cual lo que se sabe es infinitesimalmente poco. Yo siempre lo he pensado así de mí mismo.»

Ahora, como decía Descartes, dudo hasta de lo que realmente se.

«Pues es otro defecto que deslustra su biografía, lo siento, porque si realmente sabe una cosa y ésta está contrastada no debería usted dudar de ella sin motivo alguno. Eso es debilidad de pensamiento y, sobre todo, mucho miedo a equivocarse, lo cual es la actitud contraria de cualquier persona que realmente desee saber.»

Entiendo que le apasionen los debates, como también me ocurría a mi siendo más joven,

«Se equivoca de nuevo. No me apasionan, pero me parecen la única herramienta real para poder limar los errores de los conocimientos propios y reflexionar adecuadamente sobre los resultados, mejorando la perspectiva de todos los participantes. Sin debate –con uno mismo o con otros– no puede haber democracia ni, lo que es más importante, conocimiento real y convivencia.»

y aunque con la edad se pierden facultades, a veces se gana en sabiduría.

«Pues si usted ha ganado «sabiduría» ya me adelanta en mucho. Yo no puedo colgarme esas medallas en ninguna solapa, lo siento. No creo que en eso pueda ayudarle, si era lo que buscaba con dialogar conmigo.»

Reciba un cordial saludo y de nuevo le agradezco que me haya contestado. Buen fin de semana.

«Igualmente».

[Agustín Barahona]

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