Escritos publicados en la red social Facebook.
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«El lbre mercado, para cualquiera que sepa cómo funciona, es simplemente una creencia más, como las religiosas, sólo que en este caso mucho más taimada. E incluso aunque alguien no supiera cómo funciona es evidente, palmario y patente que no funciona, como se lleva mostrando y demostrando en los últimos siglos, que repiten casi a diseño troquelado el mismo sistema de parasitación social en periodos oscilantes alternativos, sin piedad, aduciendo que el mercado funciona así y que la próxima vez habrá mejores oportunidades para todos los ‘emprendedores’ –pollos a los que desplumar en concurso–. Señores: ¡¡¡la banca siempre gana!!! Es un poco como los juegos de azar: «¡juegue el doble a manque a la próxima y ya verá que tendrá mejor suerte porque el passe ya ha salido mucho!». Es tan obvio que duele a veces tener que hacer algún mínimo hincapié para la reflexión.
No obstante, dicho todo esto, lo que no funciona del lado social o de la nacionalización actualmente es el sistema, totalmente pervertido desde su primera concepción, permitiendo legalmente todo tipo de barbaries; éso es lo primero que hay que cambiar para garantizar que la lógica del estado funcione.» [Agustín Barahona]
Como comentario a:
«Si la cultura es puramente entretenimiento, no importa nada. Si se trata de divertirse, un embaucador puede divertirme más que una persona profundamente auténtica, sin duda. Pero si la cultura significa mucho más, entonces sí es preocupante. Y yo creo que la cultura significa mucho más; y no solamente por el placer que produce leer una gran obra literaria o ver una gran ópera o escuchar una hermosa sinfonía, o ver un espectáculo exquisito de ballet, sino porque el tipo de sensibilidad, el tipo de imaginación, el tipo de apetitos y deseos que la alta cultura, el gran arte, producen en un individuo lo arman y equipan para vivir mejor: para ser mucho más consciente de la problemática en la que está inmerso, para ser mucho más lúcido respecto a lo que anda bien y a lo que anda mal en el mundo en el que vive. Y también porque esa sensibilidad así formada le permite defenderse mejor contra la adversidad y gozar más, o en todo caso sufrir menos.» [Mario Vargas Llosa]