Escritos publicados en la red social Facebook.
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Agustin Barahona: Es tan obvio desde el principio que duele tener que recordarlo a quien ya lo sabe y a pesar de ello ignora por completo la miseria del pueblo español. Como llevo diciendo desde hace años: Sr. Presidente, por encima de la Constitución y del Bien común no pueden NUNCA estar los estados financieros porque es como reconocer que su pueblo no le importa y que usted no es más que un títere de oscuras manos que son las que gobiernan en su lugar. Váyase de este país lo antes posible, porque no creo que nadie pueda perdonarle ni a usted ni a los anteriores presidentes que contribuyeron a esta dantesca situación el que no sea usted simplemente un verdadero presidente ni un verdadero ser humano. Estar vivos no nos convierte en seres humanos, Sr. Presidente, como usted, los de su calaña y sus amos se empeñan en demostrarnos cada día.
José Vítores: No soy español pero me solidarizo con todo el pueblo en estos momentos extremadamente difíciles por los que está pasando y repudio de manera absoluta al actual régimen. Propongo el siguiente experimento: que sería de España hoy en día sin iglesia católica y sin monarquía?
Agustin Barahona: Que no querría al rey ni dios.
Agustin Barahona: Pero incluso así, seguiría teniendo que desaparecer el gobierno de los partidos políticos y de sus amos los mercados financieros. Nos bastamos solos para gobernarnos a nosotros mismos elaborado, votando y controlando nuestras propias normas y valedores administrativos del gobierno elegidos entre especialistas candidados de probada solvencia mediante listas abiertas.
«Hay gentes que son antisistema de estado de bienestar, porque son prosistema de miseria. Es decir, todos necesitan estar en un sistema, unos para el bien común y otros para el común de los males. No hay realmente nadie antisistema o tendría que dejar de existir porque su cuerpo y el universo entero serían para él una tiranía.» [Agustin Barahona]
«Si la iglesia católica –o cualquier otra– quiere dedicarse exclusivamente a la solidaridad y a ayudar a los necesitados que deje de llamarse iglesia y de ser una religión dogmática y adocenante para ser lo que por fin realmente en ese caso, y sólo en ese caso, sería: una asociación humanitaria sin más credo que su propia eficacia y cuyo capital podría ser perfectamente auspiciado por un estado laico. Quien tenga oídos que oiga». [Agustin Barahona]