Reflexiones sobre temática variada, en su mayoría de índole filosófica.
Reflexiones sobre temática variada, en su mayoría de índole filosófica.
«Esto es simplemente para que pueda comprobarse que no es cierto que el funcionariado español esté sobredimensionado. Y no sólo por las cuestiones númericas, incontestables, que aquí se esgrimen, sino especialmente por las funciones y responsabilidades que se desempeñan con las más altas cualificaciones debido al tipo de oposiciones que deben superarse. Lo que es cierto es que sobran funcionarios de los colocados a dedo por el partido de turno, porque suelen ser precisamente éstos, además, los que estropean el buen funcionamiento de los sistemas en que prestan servicio los funcionarios de a pie que han tenido que batirse el cobre haciendo a veces puro circo mostrando una altísima excelencia en su formación para poder siquiera optar al puesto de trabajo que desempeñan eficazmente…. cuando los jefes impuestos a dedo les dejan.» [Agustín Barahona]
«Me temo que el que hoy en muchos sitios se piense en arte y música como categorías distintas se debe o bien a que la gente no sabe que la Música de verdad es arte o bien a que la gente está llamando arte y música a cosas que no lo son. Ambas posibilidades serían debidas a dos causas:
Por una parte, al constante y ya antiguo esfuerzo político manipulador para hacer creer que las producciones sonoras de aspecto caótico y extremadamente atonales que se presentan en las salas de conciertos subvencionadas con dinero público son la música clásica del presente, que debe poder gustarse expresamente para poder tener derecho a declararse intelectual moderno –falsedad obvia, pues la inmensa mayoría de los músicos profesionales y gente culta abominan de esas farsas y la verdadera música clásica que seduce de inmediato los corazones ha seguido y sigue existiendo, sin necesidad alguna de subvenciones–.
Y, por otra parte y simultáneamente, al fomento cada vez mayor de las simples producciones sonoras populares comerciales de base rítmica –que funcionan a nivel neuronal de un modo similar a las drogas– junto con el cultivo de la idea de que éstas son realmente ‘la música’, en su sentido genérico, haciendo ver que lo otro, lo que se presenta en las salas de conciertos, es otra cosa, al asociar en el imaginario popular las salas de conciertos con las producciones sonoras de aspecto caótico e incomprensible, generando el lógico y consiguiente rechazo y dejando a la gente indecisa o desinformada presta para caer paulatinamente en el consumo de ese tipo de productos de mercado.
La situación creada para la manipulación nunca ha sido más fácil y con menos resistencia. De este modo se hace dirigir al público hacia dos vías con un sólo futuro cada vez más demencial, deshumanizado y fácil y mansamente gobernable» [Agustín Barahona]