Parece mentira ver cómo trata el PP a su electorado, como si fueran imbéciles etimológicos que son capaces de creerse que el cielo es naranja aunque lo vean azul –porque tal es claramente lo que se pretende–. Los del PP dicen ser los salvadores de la patria, los únicos posibles además –hay que tener rostro–, y para ello vuelven a insistir en una cosa que quedó demostrada ya como falsa desde el primer momento en que lo intentaron –¿quizá confían en la escasa y volátil memoria histórica del pueblo español?–, a saber, que se encontraron con una situación mucho peor de lo que esperaban y que eso les motivó para no sólo no cumplir con su programa electoral –por el que un porcentaje elevado de españoles le votaron– sino hacer exactamente lo contrario en la mayoría de los casos. Todos sabíamos que las subidas de impuestos y los robos variados a que nos han estado sometiendo se deben no a ninguna guerra o catástrofe natural que haya ocurrido en España o en el resto del mundo, pues el dinero es el mismo que antes de que todo este circo empezase y no ha salido del planeta, sino a que unos pocos decidieron que eso fuera así para su propio lucro descarado en perjuicio del resto, por lo que en el momento en que necesitaran otra vez del pueblo español para poder ser reelegidos –contra toda lógica y pronóstico– harían todo tipo de tejemanejes de teatro infantil para intentar hacer creer que la bonanza había llegado gracias al esfuerzo no de los que se asfixian en medio de la ruina que han provocado sino «de los que más tienen» [sic] y que había llegado ya por fin el momento de bajar impuestos y cumplir el programa electoral defenestrado siempre por culpa de los demás. Estaba totalmente cantado desde el primer segundo. Señoras y señores: ¡bienvenidos a las elecciones más obscenas presentadas en los últimos años!, ¡pasen y vean!
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