«Son los lingüistas quienes deben siempre dar nombre correcto a las cosas en colaboración con los especialistas sobre la cosa en sí misma.
Los nombres no deben nunca improvisarse, por muy didácticas que crean ser dichas improvisaciones, porque después quedan, y con ellas queda la confusión de lo que realmente refieren, y muchísimas –demasiadas– veces es a costa de dejar de referir lo que deberían referir.
Por ejemplo, es un error llamar al ADN un código porque se trata claramente de una patronificación, realidad que nada tiene que ver con las operaciones de codificación ni con el propio concepto de código en sí mismo. »[Agustín Barahona]
«No encontraréis ni un sólo científico que haya hecho avanzar a la humanidad en virtud de su creencia, sino en virtud de su ciencia» [Agustín Barahona]

«Como lo leo demasiado a menudo para intentar justificar reglas que no son tales, quiero que sepáis, quienes aún no lo sabéis, que la frase «La excepción confirma la regla» es falsa en este contexto. Es una mala traducción (en realidad una traducción cruzada, pero para el caso presente es lo mismo, por no extenderme demasiado). La frase original en latín dice «exceptio regulam probat», que significa que la excepción a la regla pone a prueba, no que confirme nada, porque sería absurdo. Y es lógico, porque lo que pretende referir es que si se plantea una excepción a una regla o bien la mentada excepción no es tal o si lo es entonces la regla no es tal y queda destruída, porque es obvio que no puede haber en la naturaleza ninguna regla que tenga excepciones, ya que toda posible situación contenida y predecible debe poder ser recogida en la enunciación de su regla. Así que en adelante cuando queráis buscar una excusa para algo que no encaja en vuestras reglas cambiad de excusa, porque ésta no lo es y es sólo una metedura de pata histórica 😉 » [Agustín Barahona]