
«Si no hay dinero ni para las pensiones que en justicia deberíamos tener –porque las hemos pagado a lo largo de nuestra vida a base de retenciones de nuestro sueldo e impuestos propios– entonces no hay dinero para nada más, señoras y señores. Por lo tanto, de inmediato hemos de prescindir de aquellos a los que supuestamente contratamos como trabajadores a nuestro servicio, pues en esto realmente sí que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades.
Y los primeros trabajadores a nuestro servicio de los que hemos de prescindir, pues por su incompetencia no hay dinero, son los miembros del gobierno y sus adláteres vampirescos de nuestros recursos. Recursos que según el gobierno ya no tenemos como para que haya pensiones justas y por lo tanto hay que ser consecuentes con la nueva situación.
¿De qué modo puede realizarse la solución?
Grossisimo modo (téngase en cuenta lo que esto significa e implica en cuanto a simple boceto que marca los trazos externos de un dibujo):
1.- Nos quedaremos sólo con una unidad por categoría y función, nada de inútiles y esquilmantes decenas de miles. Elegidos en listas abiertas por concurso de méritos, un presidente del gobierno como portavoz y coordinador general interministerial, un ministro especialista de cada cartera, un presidente de cada comunidad autónoma, un alcalde para cada población son y serán suficientes.
2.- Nada de asesores ni de consejeros en nómina, porque para eso eligiremos como políticos del ejecutivo a los más y mejor preparados para que hagan bien su trabajo sin necesidad de asesores y consejeros, como todos los demás trabajamos. Estarán auxiliados por los verdaderos especialistas que ya trabajan para la nación y la sostienen: los funcionarios expertos en cada disciplina que por mérito y capacidad en concurso y oposición hayan superado las pruebas más duras para demostrar su eficacia.
3.- Nada de partidos políticos para gobernar, pues son completamente prescindibles desde hace décadas y décadas –ya que nos representamos solos los ciudadanos perfectamente, e incluso por medios telemáticos cuando es necesario, como se hace en el resto del mundo (pero bien dotados de medios por el estado para garantizar nuestros derechos telemáticos, no como ahora en España)– y no tienen ni tendrán tampoco una utilidad en el nuevo sistema, consecuentes siempre con nuestras capacidades económicas reales. Quien quiera seguir asociado a un partido político puede y podrá hacerlo siempre, por supuesto, como cualquiera puede estar asociado a cualquier club de su gusto. Pero ya sin poder político, que residirá realmente en la ya más alta formación y capacidad del pueblo. Los tiempos han cambiado hasta ese punto y más allá.
4.- Todos los ciudadanos constituiremos una única plataforma institucional ciudadana legislativa que contratará sólo al abogado o abogados que demuestren realizar bien el trabajo jurídico de lo que desde la plataforma los ciudadanos les ordenemos que legislen, trabajo éste que saldrá a concurso, es decir, sólo las mejores ideas y realizaciones legislativas para la viabilización de lo que desea la ciudadanía serán las contratadas y pagadas. Y por supuesto, habrá reuniones constantes con periodicidad suficiente para que los ciudadanos hagan sus propuestas legislativas y los especialistas contratados las viabilicen. Y la plataforma institucional ciudadana legislativa única se estrenará elaborando una nueva Constitución más realista, eficaz y justa.
5.- Sin intermediarios, contrataremos por concurso y oposición igualmente el número necesario de jueces, fiscales y abogados de oficio para que la necesaria investigación y resolución de los casos se haga en el menor tiempo posible. Los juicios se harán mediante la ayuda de software de inteligencia artificial ya existente que hará que los jueces, fiscales y abogados sólo tengan que sancionar si el resultado de la eficacísima máquina inteligente es correcto y ha tenido en cuenta adecuadamente toda la jurisprudencia y doctrina creadas por la plataforma legislativa ciudadana única. Con ello la velocidad de la justicia será máxima, inmediata, y el acceso a la misma universal y gratuíto, como la educación y sanidad, perfectamente sostenible con nuestros impuestos.
6.- Tendremos también otra plataforma única constituída como colegiatura nacional de educación formada por todos los profesionales de ésta que elegirán a un número mínimo de vocales representantes para que establezcan comunicación y contacto con el resto de estamentos del Estado. Dicha colegiatura única elaborará las garantías especializadas que el ejecutivo, el legislativo y el judicial deberán cumplir para poder ser considerados correctos y completos su trabajo y contenidos, ya que la colegiatura nacional de educación, verdadero cuarto pilar del estado y pilar central, estará formada por las grandes figuras de la educación en todas las especialidades sociales, científicas y tecnológicas existentes. Será este pilar estamental central el que garantice científicamente que la educación en todo lo que generará los otros tres pilares del Estado estará correctamente realizada para asegurar a su vez la eficacia y convivencia de todos los medios institucionales y estamentarios de que dispone la nación para su correcta regulación y funcionamiento internos.
Epílogo.
En fin, sabiendo cómo funciona el mundo y lo que necesita para funcionar mínimamente bien, es relativamente fácil crear un Estado y un Sistema social justo y garantista de verdad que no despilfarre ni un céntimo, dado que, según nos informan, los propios sres de los gobiernos actuales han sido tan ineptos que han sido incapaces de gestionar el país adecuadamente a pesar de que el fenómeno de empobrecimiento y dificultades para pensiones era obvio y predecible desde hace décadas, y teniendo en cuenta que, sabiéndolo, han seguido despilfarrando medios, distribuyendo prebendas personales, tráfico de capitales, evasión de impuestos y decenas y decenas de malos usos y delitos, que en lugar de solucionar un problema, tan predecible según ellos, lo único que han hecho ha sido empeorarlo y desplazar el centro del problema hacia uno mayor de corrupción absoluta de todos los estamentos del Estado.
Una vez instituído este nuevo, justo y eficaz sistema habremos podido garantizar las pensiones justas y tendremos anualmente superávit que destinaremos a la investigación, desarrollo y becas en educación y sanidad, así como a asegurar que desarrollamos todo tipo de mecanismos para mejorar la sociedad, erradicar la pobreza artificialmente inducida y dotar de mejores medios al estado para garantizar nuestra seguridad cada vez mejor de un modo más eficaz.
Y a pesar del grossisimo modo en que a gran velocidad estos trazos gruesos se han desenvuelto, estoy seguro de que se entiende, como se entiende su perfecta factibilidad para restaurar el equilibrio justo y funcional de un país en un mundo moderno consciente de millones de cosas más que la ciencia nos ha mostrado en este último siglo y cuyo conocimiento nos permite un desarrollo maduro y no paternalista completamente distinto al que preveía el anterior sistema, tan ineficaz, como hemos comprobado, incluso hasta para prever las catástrofes previsibles.
Es Justo que así sea.» [Agustín Barahona]

«Me pregunto si las huelgas generales indefinidas pueden ser la solución para convertir al secuestrador en secuestrado. Probablemente si lo sometiéramos a experimento lo sabríamos.
¿Y si España entera se parase indefinidamente cada vez que el gobierno no accediese a realizar una petición justa y posible, como por ejemplo mantener las pensiones adjuntas al crecimiento económico del país e IPC y cumplir así también las normas europeas?
¿Y si España entera se parase hasta que sus contratados, el gobierno, no hiciesen lo que España quiere que hagan?» [Agustín Barahona]

«¿Quién guarda al guardián? Éste era en esencia uno de los problemas que se plantea Platón en su obra fiolosófico-política «La República», recogido por Juvenal en la locución latina Quis custodiet ipsos custodes?
La solución que propone Platón es acorde con la mentalidad e idiosincrasia de los seres humanos de aquellas épocas pretéritas pero que en la actualidad no tendría cabida alguna. En resumen, venía a decir que había que hacer sentir a los guardianes que eran mejores que aquellos a los que guardaban y que debían cuidarlos como una especie de hermanos mayores, así como que los guardianes debían ser formados en una aversión al poder o los privilegios, que debían ser constituídos como incorruptibles y que debían ejercer su competencia por deber y no por esperanza de ninguna recompensa.

No obstante, aunque pueda parecernos irrealizable, en su planteamiento ya planeaba el espíritu de la solución más adecuada y competente para este grave y trascendental problema de la humanidad, como intentaré explicar seguidamente de un modo exclusivamente esquemático, sin profundizar aún en toda la problemática que subyace en el detalle.
Aunque la historia ha dado desde entonces muchas vueltas, el problema sigue siendo exactamente el mismo. Si se corrompe aquella institución, ya sea persona física o jurídica, en la que depositamos la responsabilidad del control de que todo se ejecute correctamente en una unidad social, ¿qué hacer?
Después de llevar mucho tiempo revisando el tema he llegado a la conclusión personal de que quizá podría resumirse todo del siguiente modo.
La única solución es que la depositaría de tal alta confianza no debería nunca residir en sólo unas manos. Jamás. Por muchos motivos, pero quizá los más evidentes sean que cuanto más se diversifica la posibilidad de corrupción más difícil es que ésta se produzca y de que, además, pueda producirse en todos los individuos constituyentes de dicha institución a la vez sin que al menos uno de ellos pueda denunciar al resto ante la ciudadanía. Una denuncia basta para poner a todos sobre aviso de la corrupción. Así pues la pregunta platónica habría que reformularla ahora en ¿quién guarda a los guardianes?
Pero con esta medida no garantizamos que la catástrofe no pueda ocurrir, sino que sólo le ponemos importantes trabas que puedan hacerla visible a cámara lenta y quizá por ello controlada a tiempo. Efectivamente, si se da una situación de corrupción o una situación en que conveniencias sociales puedan hacer tomar la errada decisión a todos los guardianes a la vez –lo cual ya es difícil pero no imposible– de que para salvarse de unas malas consecuencias deben hacer algo en contra de la ciudadanía no habría modo de parar la debacle.

Por eso hace falta un tercer elemento que sirva para triangular el sistema de garantías y que resida en un estamento ajeno que no sea beneficiado ni perjudicado por las cosas que son beneficiados o perjudicados los guardianes. Ese elemento es la asociación de todos los ciudadanos juzgando si los actos de los guardianes se atienen a las propias normas que dicen defender. Esto ya nos explica el por qué al menos tienen que existir estos mínimos estamentos para poder mantener el equilibrio justo todo lo posible en una sociedad. Es decir, en esta sociedad definida hasta ahora los guardianes dictaminarían colegiadamente que debe hacerse algo y la colegiatura del pueblo debe poder analizar si la decisión de los guardianes se ajusta a derecho.
Con esto podemos ir ya viendo que el secreto para una sociedad estable y justa reside en un determinado número de estamentos independientes que puedan vigilar simultáneamente que los otros estamentos se ajustan a las leyes y que lo hacen del modo en que se ha determinado hacerse. Lo que nos lleva a la última consecuencia.
Si ninguno de esos estamentos tiene la educación adecuada para saber comportarse y saber qué es realmente justo, incluso en los casos de extrema dificultad y gravedad ninguno de los mecanismos de distribución, difusión de responsabilidades e intervigilancia serviría de nada, porque la decisión que se tomara, al no estar informada y formada por el conocimiento lógico-científico de la realidad podría ser errónea. Es aquí donde surge la imperiosa necesidad de que todos los ciudadanos que formen parte del control del buen funcionamiento social han de ser ciudadanos educados realmente, a los que se haya dotado de las herramientas adecuadas para poder juzgar críticamente cualquier situación de un modo lógico, racional y bien contrastado.
Y en este punto ya podemos comprender, ver y entender con suma claridad la necesidad de la verdadera Educación no sólo como algo cultural o formativo imprescindible a todos los ciudadanos de una sociedad, sino como el estamento determinante que forma e informa los otros estamentos con la mayor de las responsabilidades. Si no fuera independiente podría ser manipulado por los otros y debido a su importancia germinal tal manipulación destruiría por completo el mismísimo sistema social sumiéndolo en el peor de los oscurantismos: el que no se nota. Además es a este estamento a quien corresponde, debido a sus conocimientos y expertise, la elaboración de las leyes que afectan a todos, pues es el que de entre todos los estamentos reúne las mayores garantías para la elaboración de normas justas basadas en un conocimiento real y probado de la realidad.
Por eso, la respuesta al problema que planteó Platón hace cerca de 25 siglos fue, es y seguirá siempre siendo la misma. ¿Quien guarda al guardián, quién guarda a los guardianes y a los guardianes de éstos?: la Educación real –única que permite constituír realmente al guardían ideal platónico– que permita tomar decisiones libres de la tiranía de nuestras irracionalidades, siendo conscientes de cómo funciona el mundo al nivel que nos hace falta para saber el lugar que tenemos en él y el futuro que queremos labrar para toda la humanidad.» [Agustín Barahona]