
«La democracia representativa consiste en votar a alguien cada 4 años para que haga con mi voto lo que a él le dé la gana, incluso lo contrario a lo que prometió hacer, y que cuando yo me queje de ello me diga que si no estoy de acuerdo que vote a otro… que volverá a hacer lo que quiera… y así en proceso infinito. El problema es el sistema que permite este engaño manifiesto. Ha de haber un contrato electoral y todo incumplimiento de contrato ha de tener consecuencias punitivas. Pero además, por encima de ellas, tiene que haber previamente un statu quo que sea justo en donde se asiente ese contrato, no uno manifiestamente injusto que garantice la perpetuación de la injusticia, como es el actual, porque entonces el contrato queda ejecutivamente anulado. Es demasiado obvio como para pretender que no nos damos cuenta.» [Agustín Barahona]

«Como saben, existe el delito de ofensa a los sentimientos religiososos pero no el delito de ofensa a la racionalidad científica. Ésta es la España en que vivimos.
Todas las pseudociencias tienden a funcionar como religiones en todos sus patrones psicosociológicos y políticos, hasta el punto de que esencialmente no suelen diferenciarse de charlatanes y estafadores, y, contra todo pronóstico, en pleno siglo XXI no sólo proliferan sino que son protegidas por el Estado, que les permite prosperar económicamente a costa del retroceso civilizatorio que comportan. Incomprensiblemente se les fabrican ad hoc «a prioris» que no se hacen para otras categorías sociales, especialmente para aquellas que son la esencia de la educación y formación en el pensamiento crítico y analítico que permite que todos podamos avanzar y trabajar por el bien común.
Los tribunales esgrimen la justificación de que hay que defender el derecho a la libertad de expresión, a pesar de que esto choca frontalmente con un delito de blasfemia disfrazado de «ofensa a los sentimientos religiosos». Así pues, ¿cuál es realmente el bien jurídico protegido en el delito de blasfemia que no se practica paritariamente y tipificadamente a todas las posibles ofensas de sentimientos? No respondan, no hace falta.» [Agustín Barahona]
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Véase también:
¿Puede haber verdadera ciencia donde hay verdadera religión?
La “aconfesionalidad” es sólo una treta religiosa.
Lo racional distingue entre lo que sabe y lo que ignora, lo irracional siempre lo confunde.
El Estado protege en el código penal las creencias, pero no la lógica.
¿Cómo se fundamenta la estipulación de un delito contra los sentimientos religiosos?
¿Es inviable un delito contra los sentimientos religiosos?


«El concepto de blasfemia no parece muy civilizado ni lógico. Es una idea medievalizante que lo único que quiere decir en la práctica realidad es que se prohibe a otros que puedan criticar racionalmente nuestras propias irracionalidades.» [Agustín Barahona]
Véase también:
El Estado protege en el código penal las creencias pero no la lógica
¿Cómo se fundamenta la estipulación de un delito «contra los sentimientos religiosos»?
¿Es inviable un «delito contra los sentimientos religiosos»?
Por los clavos de Cristo [Elvira Lindo]
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Actualización: He formulado así el texto por cortesía pública. Pero desde mi punto de vista debería decir: «lo único que quiere decir en la práctica realidad es que determinadas personas nos prohiben, apoyándose en un poder político, que podamos criticar racionalmente sus propias irracionalidades». Ya sabemos todos que las blasfemias eran más perseguidas en el renacimiento. Pero como nosotros no construímos los estereotipos ni las palabras que representan como referentes determinadas realidades tanto en denotación como –sobre todo– en connotación, el concepto de medieval/medievalizante se ha quedado como el que hoy usamos, aunque el término blasfemia sea una palabra griega cuyo contenido fue experimentando un desplazamiento semántico hacia la idea que los religiosos acuñaron posteriormente y que la sociedad terminó estarciendo e incluyendo en el concepto actual de «medieval». En pocas palabras, nuestro concepto de blasfemia es el que se usaba en la edad media y que posteriormente sirvió como había servido anteriormente en la antigüedad judía: para masacrar personas que hablaban en contra de las irracionalidades religiosas.