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Aceptar la partitocracia es legitimar la… – Agustin Barahona - marzo 19, 2018 por Agustín Barahona
Hay que cambiar urgentemente el sistema partitocrático – Agustin Barahona - marzo 17, 2018 por Agustín Barahona

«Hay que conseguir que la ciudadanía formada sea la que gobierne.

Lo que está ocurriendo es escandaloso para cualquier persona que tenga dos dedos de frente.

Hay que unirse en plataformas al margen de los partidos políticos. Hay que acabar con los partidos políticos porque no sólo ***no hacen ninguna falta*** sino que son precisamente ***el problema que tenemos***.

No existe ninguna justificación, desde hace decenios, que permita pensar que los partidos políticos sean necesarios –y como siempre, estoy dispuesto a someterlo a debate–.

Todo lo que deben hacer institucionalmente se puede hacer mediante estructuras simples ciudadanas coordinadas por especialistas y por las principales estructuras del estado en el poder ejecutivo, igualmente elegibles en listas abiertas por concurso oposición entre los mejores de cada especialidad y cartera: los ministros. El presidente del gobierno sólo debería ser un portavoz y coordinador, como contratado nuestro que debería ser.

Estamos permitiendo un mundo del revés que debido a nuestra permisión es aprovechado, como vemos a diario, por grupos mafiosos de desalmados institucionalizados que no dudan en destrozarlo todo para su propio beneficio.» [Agustín Barahona]

Los constantes engaños y contradicciones de Podemos para obtener poder. - marzo 16, 2018 por Agustín Barahona

Agustín BarahonaOrigen: Pablo Iglesias «nunca» sometería a un referéndum la prisión permanente revisable – Libertad Digital

«Éstos no son políticos, yo tengo un muy alto concepto de lo que deben ser y a éstos el concepto de «polis» sólo les preocupa si los pillan. Creo que a la gente se la debe etiquetar no por sus tarjetas de presentación en papel sino por sus tarjetas de presentación en hechos.

Cuando no habían hecho nada más que hablar se podía dudar de si serían políticos o no. Pero casi desde el primer momento en que entraron en el Parlamento Europeo –en realidad muchísimo antes ya habían dado claras muestras irrefutables de lo que eran, pero si me pongo a enumerarlas me saldría la Biblia, aunque ya las he ido mencionando antes en muchos sitios de las redes sociales y en este blog– ya no quedó ni la más mínima duda de que se trataba de charlatanes aprovechando su barniz cultural universitario para mezclarlo como propaganda en sus propósitos.

Ha sido una detrás de otra y, por supuesto, ninguna de las que el PP usaba para atacarlos tan torpemente como es su naturaleza, que es lo que creo que más puntos les ha hecho subir injustamente en la opinión pública. Es curioso, como siempre he dicho, lo fácil que era darse cuenta de que no eran lo que decían ser, lo fácil que era demostrarlo –como así lo hemos mostrado y reflexionado varias personas– y lo difícil que lo han hecho sus detractores debido o bien a que no podían atacar a aquello que ellos mismos estaban haciendo o a que no son capaces de detectar lo que cualquier persona con una formación básica de cómo funciona el mundo sabe.

Al contrario, sus torpes detractores les han hecho sumarse puntos. La gente se solidariza siempre con las víctimas aunque la víctima sea el diablo –si existiera algo así– y ellos han sacado mucho rédito a la imbecilidad de otros partidos, y siguen haciéndolo. De hecho la gente que se aglutinó en sus filas no lo hacían por ideología alguna, si os fijáis –de hecho captaron votos de todos los frentes–, sino porque con un aspecto y caché universitario y robando ideas ajenas –nunca citadas– gracias a la incultura de sus víctimas, incapaz de identificarlas, prometían todo aquello que ellos recababan en la redes sociales como enojo máximo en la ciudadanía, con lo cual era un botón muy fácil de pulsar para poner luces en la tremenda noche para cazar lepidópteros despistados y condicionados por su propia naturaleza. Sólo se han dedicado a citar mal las ideas verdaderas de otros y a destrozarlas –el PSOE en eso es aún más patético porque no es capaz de reconocer que las ideas de Podemos son de otros y adulteradas y esa falta de cultura vergonzosa les hace querer emularlas como si fueran originales, porque se dan cuenta de que les funciona–.

Lo de Cataluña y su toma de partido por los ilegales llamando a las ilegalidades derechos –mostrando o ser catetos o ser canallas, esto último mucho peor y probablemente la realidad, por desgracia– y esta reciente bufonada del pretendido «argumentario» y «posicionario» que han utilizado en relación al tema de la prisión permanente revisable son ya sólo anécdotas de la misma idiosincrasia mostrada desde antes del Parlamento Europeo. Tanto fingimiento les lleva a ponerse del lado de posiciones ideológicas y facciones del poder variopintas y a veces incluso contrarias, puesto que la mentira tiene esa característica, la variedad incoherente. Un verdadero ser humano con formación lógica y científica argumenta enfrentando lo que se le demuestra o muestra que es inconsistente, no huyendo del núcleo del debate, de las preguntas y temas concretos, y usando falacias como pulgas en un medio insalubre. Hace tiempo me dedicaba a mostrar por qué eran falacias –para las personas sin esa formación, que desgraciadamente para todos son muchas y cada vez serán más, gracias a los sucesivos gobiernos–, pero ya es cansino, porque siempre son las mismas.

El sistema de gobierno de los partidos, la así llamada partitocracia, es en sí mismo algo demencial que no puede funcionar, como ya he explicado ad nausea en este blog y en muchos otros lugares. Hay que cambiar el sistema urgentísimamente, porque en estas condiciones esto sólo puede empeorar, y tal como vamos estamos mejor en lunes que en viernes. Podemos no son populistas, término que se intenta denostar maquiavélicamente –atraer, interesar, a las clases populares en algo no es malo ni bueno en sí, sino que en todo caso lo sería el método o el objeto– y que en sí mismo no tiene ningún valor negativo. Son charlatanes charlatanistas. Tampoco son políticos: son mercachifles que con disfraz de eruditos –fácil de desvelar, afortunadamente– mercadean con la formación, bienestar y futuro de la gente con el único propósito claro de acceder al poder.

Si estuviera aquí Diógenes seguiría buscando con su antorcha… y miraría mejor donde no había mirado antes» [Agustín Barahona]

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