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Falacia del calamar o de tinta del calamar - diciembre 11, 2021 por Agustín Barahona

«Es el nombre que utilizo para identificar más claramente una tipología de falacias que usa mucha gente deshonesta –principalmente políticos y religiosos, aunque no únicamente–, habitual y generalmente consideradas falacias de distracción por cambio de tema pero en donde en este caso –y de ahí la necesidad de caracterizarlo con el nombre que uso– el nuevo tema es un problema que se atribuye falsamente al contrincante. Consiste en proceder como hace el calamar, que cuando tiene miedo huye pero no sin antes intentar confundir a su enemigo envolviéndolo repeninamente en un denso chorro de tinta oscura, como manto más o menos opaco de suciedad, con el fin de que se sienta perdido, se distraiga y no pueda ver en qué dirección huyó el animal.

Es en este sentido que se producen intentos de huída cuando en un debate demuestras a alguien que alguna idea que esta persona esgrimía –central o no– era errónea y el dueño de esta idea corregida, en lugar de responder con la honestidad que se espera de los participantes de cualquier debate real, asumiendo el error, responde sin embargo sin reconocer corregida la idea y cambiando brusca y rápidamente a un nuevo tema que intenta presentarte a ti como centro polémico de algo haciéndote alguna acusación directa o velada, incluso aunque sea completamente falsa y el que huye lo sepa, porque confía en que de ese modo, bajo la confusión de ese tupido manto oscuro que además mueve las emociones, tanto tú como los que presencian el debate olvidarán de inmediato la idea corregida que motivó la brusca y falsaria expulsión de la cortina de inmundicia.» [Agustín Barahona]

¿Españoles que no hablan español? - diciembre 8, 2021 por Agustín Barahona

A ese juego absurdo sabemos todos jugar desde niños: no comunicarnos fingiendo que sí.

¿Una ciencia que discrimina si en el fenómeno O.V.N.I. existen animales terrestres desconocidos? - diciembre 3, 2021 por Agustín Barahona

«Hago esta pregunta de cabecera reflejada en la viñeta porque igual que debemos ser capaces siempre de discernir lo irracional también hemos de poder darnos cuenta de cuándo pueda tratarse de cuestiones racionales de las que no tengamos el suficiente conocimiento, lo cual en sí mismo es muy delicado y requiere realmente del método científico para poder obtener algo de luz en sus profundidades.

El caso es que analizando los datos que han sido ofrecidos por los medios de comunicación y los que han aportado todos los testigos presenciales modernos y antiguos de los que tenemos noticia es obvio que si hay un fenómeno en extremo heterogéneo es el cajón de satre llamado fenómeno de «objetos voladores no identificados». Prácticamente cualquier cosa que no pise tierra –o que parezca que no lo hace– y que pueda ser observada por alguien que no pueda saber en ese momento qué es o cuyo testimonio no ofrezca posibilidades de identificación a terceros va a poder ser incluída dentro de esa grosísima y poco definitoria clasificación.

Si a eso le añadimos que no conocemos la totalidad de lo que existe en el propio planeta, no sólo en la superficie de los continentes, sino especialmente en todos los mares y océanos del mundo, donde se dice que apenas tenemos alguna constancia básica del 5% de lo que hay en ellos, no existe motivo alguno que justifique pensar que dicho fenómeno o.v.n.i. se trate necesariamente de seres inteligentes conductores de naves extraterrestres provenientes de viajes interestelares aparentemente imposibles. Más bien, sería mucho más lógico pensar que pudiéramos estar ante algún tipo de animales o entes biológicos –si no en la totalidad del fenómeno sí en buena parte de él– que hubieran podido comenzar el proceso de evolución mucho antes o mucho más rápidamente de lo que el que condujo hasta el homo sapiens pueda haber producido, por lo que incluso podrían llevarnos la delantera en algunos o muchos aspectos.

Por muy escépticos que podamos ser con los testimonios, además, parece que la mayoría de ellos conducen a pensar que la cohesión electromagnética de sus cuerpos no es tan densa como la nuestra –son capaces de atravesar objetos físicos sólidos y pareciera que es el campo electromagnético en el que realmente se desenvuelven– por lo que quizá su proceso de evolución siguió parámetros distintos incluso que los que condujeron a la especiación que conocemos. Por poco observadores que seamos, gran parte de los datos, además, muestran que si se trata de algún ente biológico está asociado de algún modo con el agua en todos su diversos estados, incluyendo la humedad de estratos muy altos de la atmósfera. Por eso quizá cada vez que se producen fenómenos acuáticos de densificación más o menos estables desde los estados gaseosos a estados líquidos, como brumas, nieblas, nubes de cierta densidad y extensión, tanto en horizontal como en vertical, es cuando las narraciones y los testimonios coinciden en que tendemos a poder verlos con mayor facilidad.

Muchas más cosas habría que considerar que no son tan obvias como las recién mencionadas pero que forman igualmente regularidades que pueden estudiarse en torno a todos los datos arrojados por estos fenómenos a lo largo del tiempo que no sería cuestión de mencionar en un simple y breve mensaje como éste, mensaje cuya única y humilde pretensión es llamar la atención sobre el hecho de que aunque nuestros conocimientos científicos y la tecnología derivada de ellos son para nosotros en estos momentos un enorme avance en comparación con nuestro estadio del conocimiento del universo de épocas muy cercanas, sin embargo, debemos ser conscientes de que estos conocimientos no cubren más que el comienzo de una infinitesimal porción de lo que, a tenor de los estudios físico-matemáticos, parece ser la realidad y, por tanto, debemos ser pacientes e inteligentes para valorar y dimensionar adecuadamente nuestra ignorancia y todo aquello que nos falta aún por saber para poder acelerar nuestro camino para poder conocerlo de un modo real, sólido y pragmático.

Por eso entiendo que la criptozoología real, la criptozoología científica –no la que se arroga falsamente dicho nombre y simplemente se dedica a coleccionar y fomentar misterios artificiales para el fomento del turismo y las economías locales–, sí debería ser una ciencia cuyo campo de trabajo fuera el estudio de toda la fenomenología asociada a avistamientos verificables de este tipo de entes o animales –que, además, parecen siempre ser inteligentes debido a sus comportamientos en relación a nosotros–, así como el establecimiento discerniente y discriminatorio de o bien su existencia directa o bien su naturaleza como fenómenos de espejismo de diversa índole o bien, incluso, su realidad constitutiva de fenómenos de emergencia como resultado de la interacción de varios subfenómenos, y así ir pudiendo sentar las bases para la investigación de la parte de la realidad de la que aún no conocemos más que apenas sus sombras fugaces cuando tenemos la fortuna de que se nos muestren.

Es ahora que varios gobiernos mundiales comienzan ya, ante la abrumadora cantidad de evidencias insilenciables, a reconocer la existencia real del fenómeno o.v.n.i. cuando deberíamos aprovechar para estructurarlo a través de investigaciones fidedignas desde una ciencia que impidiese que, en adelante, los charlatanes pudieran seguir viviendo de nuestra ignorancia en un tema que, precisamente, podría llegar a ser fundamental para una mejor comprensión del funcionamiento de la vida, y de las posibles formas de vida inteligente, en el vastísimo universo.» [Agustín Barahona]

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