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¿POR QUÉ NO SE VALORA SOCIALMENTE LA EXCELENCIA EN LA MÚSICA COMO SE HACE CON EL DEPORTE? - octubre 23, 2022 por Agustín Barahona

«Mi respuesta corta es simple: porque para poder valorar algo con admiración uno tiene que poder estar en ese mismo camino aunque sea modestamente.

Es fácil para cualquiera admirar a un deportista porque la mayoría de las actividades que éste desarrolla han sido experimentadas en alguna medida por cada persona en el propio desarrollo educativo institucional e incluso en los juegos y actividades lúdicas desde la más tierna infancia. En cambio… ¿quién tiene la experiencia de saber lo increíblemente difícil que es tocar simplemente de un modo correcto audible un instrumento orquestal de cuerda frotada o de viento?, por poner alguno de los muchísimos ejemplos de pericias necesarias completamente distintas a las desarrolladas en los programas educativos habituales. ¿Quien tiene idea de lo inconcebiblemente plusquam-circense que es adquirir el virtuosismo instrumental en cualquier instrumento musical?

Todo esto por no hablar del analfabetismo cultural y científico de los propios políticos que deberían promocionar los correctos modelos educativos y que además de no saber en qué consiste esto son incapaces de reconocer su propia ineptitud.

Por eso quienes valoramos la música en su justa medida sólo podemos ser los músicos profesionales y las personas que, aunque no dedican su vida profesional a la música, se acercan a ésta para aprender a adquirir las destrezas necesarias con grandes profesionales y pedagogos para disfrutar activamente en su maravilloso mundo, pleno de beneficios en inteligencia y sensibilidad, objetivo en el que poquísimos centros educativos están haciendo maravillas, literalmente, a este respecto. Que afortunadamente los hay.

Pero si estos admirables esfuerzos no se institucionalizan pasando a formar parte de la experiencia y educación general común, no se podrá valorar la música y el instrumentismo en ella en su justa medida –hoy día más identificada, en el mejor de los casos, con la música popular, en lugar de con la excelencia musical como arte–, jamás habrá olimpiadas musicales como las había originalmente en la antigua Grecia a la par que se desarrollaban los juegos olímpicos, y ningún músico vocacional con grandes dotes y talento podrá ya no sólo ser adecuadamente admirado y conducido por su precocidad cuando es muy joven, sino especialmente ser ayudado en su larguísima carrera por su propia nación. Algo que actualmente parece imposible por las dificultades recién mencionadas y varias otras de índole política en las que, de momento, no entraré aquí.»

[Agustín Barahona]

¿ES LO MISMO MUSICOLOGÍA QUE MUSICOGRAFÍA? - julio 19, 2022 por Agustín Barahona

«La respuesta corta debe ser categórica: no.

No lo es ni puede serlo, ya que, estrictamente hablando, la musicología es la ciencia de la música y la musicografía es el estudio de lo que se escribe sobre música. Es decir, la musicología amplía verificable y demostrablemente los conocimientos que sobre cuestiones musicales tiene la humanidad y la musicografía estudia y distribuye lo que –por parte generalmente de musicólogos, pero también de otro tipo de autores– se ha escrito sobre música.

Intentaré resumir contrastivamente esta cuestión para que se entienda mejor.

En determinada medida, tiene, en el mejor de los casos, un cierto, aunque lejano, paralelismo con la relación que existe entre las ciencias y las ingenierías, y de ahí que mucha gente confunda su significado y objetivos, del mismo modo en que socialmente es habitual, por lo que se ve, el confundir en el imaginario colectivo la labor de científicos e ingenieros, lamentablemente.

Es obvio que un científico tiene que conocer lo que en ingeniería va realizándose con el uso de lo que la ciencia descubre, porque el conocimiento de esas posibilidades de que la ingeniería dota a los descubrimientos científicos puede conducir en algunos casos a nuevos descubrimientos científicos. De igual modo, es habitual que el musicólogo estudie lo que el musicógrafo –que, en principio, no hace revisión crítica de fuentes necesariamente y simplemente las cita como elementos de primera mano utilizados en su trabajo– ha publicado sobre determinado tema musical que le interese investigar para ampliar el conocimiento real científico sobre el mismo a partir de las fuentes citadas por el musicógrafo, puesto que el musicólogo tiene la obligación deontológica y profesional de revisar que cada afirmación que sus fuentes hayan hecho es cierta o no podrá utilizarla.

Aunque ambos han de ser necesariamente profesionales de la música, el musicólogo trabaja siempre con fuentes primarias, cosa que para el musicógrafo no es estrictamente necesario, porque su trabajo suele estar más encaminado a explicar, desarrollar, lo que los musicólogos han estudiado previamente o en documentar determinados hechos musicales mediante descripciones y prosopografías adecuadas. Por eso la musicografía tiene socialmente también una connotación más divulgativa.

Precisamente por toda esta serie de circunstancias, puede llegar a darse el caso de que en determinados trabajos sobre música pueda parecer que pueda llegar a confundirse musicología o musicografía o que los trabajos sean de dudosa catalogación. Pero tal ambigüedad en realidad no puede darse en puridad, porque todo trabajo que sea temática y focalmente descubridor, que amplíe real y correctamente el conocimiento que se tenía sobre el tema estudiado antes de que su autor lo abordase, es automáticamente musicológico por excelencia; y, necesaria y complementariamente, por esta misma definición de lo musicológico, todo trabajo que temática y focalmente no amplíe el conocimiento, sino que sólo lo difunda de un modo eficientemente adecuado, pintándolo con palabras, diagramas, imágenes o ilustraciones, facilitando así al máximo su comprensión, es automáticamente musicográfico.» [Agustín Barahona]

¿TIENE ALGÚN SENTIDO ATENDER MODERNAMENTE UNA «FILOSOFÍA DE LA MÚSICA» EN VEZ DE SIMPLEMENTE LA «CIENCIA DE LA MÚSICA»? - febrero 19, 2022 por Agustín Barahona

«En nuestro mundo actual, el método científico, que es el que, aunque no nos demos cuenta, seguimos psicológicamente en la elaboración de certezas todos los seres humanos –por eso del estudio de ese proceso se llegaron a establecer las bases del procedimiento correcto en la ciencia–, es el que gobierna todos los ámbitos de extracción y sistematización de conocimiento eficiente con el fin de ser conscientes mejor de la realidad y poder aprovecharla en nuestro beneficio como humanidad.

En este escenario no parece que la filosofía, antigua pariente directa de la ciencia –de hecho el nombre de la ciencia parece haber sido originalmente en los tratados Philosophia Naturalis Scientiae, pero por metonimia terminó por llamársele únicamente con la última palabra—, que le dió origen, tenga ya mucho que hacer, salvo quizá la propia epistemología, que sigue siendo la que determina los mejores caminos para poder adquirir cada vez más un conocimiento más certero en función de los propios avances que en retroalimentación realiza la propia ciencia, epistemología que se ha sistematizado de tal modo que actualmente podría ya ser considerada o bien por derecho propio como una herramienta de la propia ciencia, como lo es la lógica-matemática, o bien como una ciencia del método en sí misma.

En el mundo pragmático actual casi podemos decir que los aspectos antiguamente considerados filosóficos han quedado relegados a los campos que la ciencia habitualmente no estudia por estar ocupada en otras cosas, no que la ciencia no pueda o deba estudiar –como si la filosofía se dedicara ahora a las migajas que deja la ciencia–, y la propia filosofía moderna en su desarrollo académico en nuestros días ha llegado a exigirse a sí misma para su propia certeza de conocimiento –como era lógico y coherente– prácticamente los mismos requerimientos que la ciencia se exige a sí misma –cualquier filosofía moderna que de hecho no lo haga puede considerarse pseudofilosofía, que desgraciadamente abunda mucho más que la pseudociencia–. Nos preguntamos si ha sido más para salvar su puesto académico en el mundo o por una situación de intracoherencia

En este panorama recién expuesto, nos preguntamos si tiene algún sentido plantear como algo realmente útil el estudio de la filosofía de la música como se hacía antiguamente, teniendo en cuenta que existen campos tecnológicos y específicos tan múltiples y desarrollados en la ciencia de la música, la musicología, que hacen que no parezca tener sentido. ¿Son acaso sólo pseudofilósofos los que aún buscan el nicho de la filosofía de la música sólo para sus réditos personales?» [Agustín Barahona]

Véase el posible debate sobre este particular en MC&C.

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