
«En un país donde la iniciativa popular ni siquiera puede crear, vetar o cambiar normas porque ***es potestativo del Presidente de Gobierno hacer o no hacer caso a la iniciativa popular*** se puede decir sin temor a equivocarse que se vive bajo un teatro de guiñol, porque el pueblo no tiene opción alguna para participar en la vida política ya que tampoco existe contrato electoral vinculante, por lo que no se pueden usar las elecciones para poder cambiar las normas, ya que el partido ganador no está obligado tampoco a hacerlo.
El sistema es maquiavélico.
Cuando era adolescente y le preguntaba por estas cosas a mis profesores de ética no entendía por qué se ponían colorados y cada vez me decían una cosa distinta, a cual menos relacionada con mi pregunta. Pero era obvio por qué: ya me daba cuenta de las falacias contenidas en el sistema, aunque yo pensaba que las incongruencias que detectaba eran sólo fruto de mi desconocimiento del tema y que con el tiempo y mis preguntas a mis profesores se irían resolviendo mis dudas.
Me equivocaba, ya entonces lo veía claro y mis profesores veían que lo veía claro aunque parece que no se animaban a decírmelo. Necesitamos, como agua de mayo, una nueva constitución moderna y justa» [Agustín Barahona]

«Dear stranger, dear international informers and reporters:
¿What would you do if some rebel politicians of your country decide to shamelessly steal you your region trying to pretend they are victims of a completely unexistent repression trying to cheat international reporters –laughing at them– by presenting you as a villain?
Well, ***that is what Puigdemont & Cia are trying, lying even to their mothers, if necessary***
Please, bear also in mind this thought: Why the hurry of Catalan ex-leaders for stealing that part of the country? Because on 1-1-2018 Andorra will inform Europe of its bank accounts of all of them.» [Agustín Barahona].
¿Es malo usar sarcasmo? -
(1-noviembre-2017 por Agustín Barahona)

«Siempre que se puede elegir, es preferible usar la ironía, en cuanto mayor grado de finura inteligible mejor, que el puro y básico sarcasmo.
Sin embargo, no es malo usar el sarcasmo, sino usarlo injustamente.
Dejando de lado la ofensa, que siempre en enjuiciable sólo subjetivamente y por ello no es medible fuera del que se siente ofendido –lo que para algunos puede ser ofensa para otros puede ser halago–, el mal trato que conlleva el sarcasmo sería inadecuado si no fuera para poner didácticamente en evidencia con pocas y contundentes palabras y en defensa propia una situación injusta que de no exponerse así consumiría injustamente mayor energía que la que el asunto requiriese justamente. Por lo tanto, sólo es malo el trato incómodo y duro que se aplica sin justicia.
De hecho, todos los países del mundo civilizado tienen reconocido en sus cartas magnas ese tipo de trato justo y corrector de la autoridad como un castigo acorde y coherente con un mal comportamiento –el mal trato de la cárcel no es agradable para nadie–. Por lo tanto, quien usa el sarcasmo como castigo didáctico lo usa no sólo en legítima defensa cuando es respuesta a un ataque previo sino que lo usa también con justifica y eficacia» [Agustín Barahona]
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