«El intercambio de puntos de vista es como el intercambio de cromos o de fotos. No te permite saber cuál de ellos es auténtico y cuál una falsificación. Por eso es sólo para simples coleccionistas de puntos de vista, no para reales buscadores de la verdad y lo correcto.

Sin embargo, la expresión «intercambiar puntos de vista» suele usarse como tarjeta de presentación amable en los objetivos públicos de los grupos de conversación temática en las redes sociales, aún siendo un evidente grave error en muchos sentidos.

Tal intercambio ni existe ni puede existir, pues los puntos de vista, aunque resulte de perogrullo decirlo, dependen de dónde está el punto de la vista de quien vé, siendo esa posición realmente personal e intransferible, a no ser que intentes convertirte en esa persona vaciándote por completo de tus propios puntos de vista de la persona que eras, lo que, además de imposible, sería absurdo y completamente estéril.

Por si esto fuera poco, decir que sólo se pretende intercambiar puntos de vista u opiniones sólo atrae tácitamente ideas falsas y absurdas. Principalmente, que todas las ideas que subyacen en cada punto de vista «intercambiado» valen lo mismo sin que haya unas más correctas que otras, como si la ignorancia de algunos valiera lo mismo que el conocimiento de otros, como si el que el emisor del punto de vista tuviera o no una sólida formación sobre la realidad que lo sustenta fuera completamente irrelevante.

Así pues, lo que un buen grupo de conversación temática debe buscar, por lo tanto, no es intercambiar puntos de vista sino autenticar su validez. Y lo único que consigue esto eficazmente es el debate lógico-académico, guste o no guste a quienes no han adquirido la suficiente solidez en su formación como para poder debatir realmente, pues sólo la tipología del análisis argumental del debate académico lógico produce la necesaria síntesis de conocimiento verdadero, provisional y útil.»

[Agustín Barahona]

enero 27, 2014 a las 12:10 pm por Agustín Barahona
Categoría: Escritos en Facebook, Humanismo, Lingüí­stica, Reflexiones
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