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¡SORPRESA!: los tribunales de 6º ¡¡¡NO SON COMO CREÍAS!!! (sigue vigente en el curso 2020-2021 y en sucesivos) - (5-diciembre-2016 por Agustín Barahona)

No os asustéis por lo que os vamos a decir, pero muchos de vuestros hijos el año en que terminan sus estudios en un conservatorio profesional están siendo obligados a hacer cosas que no deben. Incluso también antes, pero eso será tema de otro artículo.

Desde el comienzo de la última reforma importante de la enseñanza profesional de la música, el proceso de evaluación del aprendizaje del alumnado de cara a su calificación ha sido el conocido como evaluación continua y la calificación en la asignatura de instrumento ha correspondido, como es lógico, sólo al profesor, que es el único capacitado para dar cuenta de esa evaluación continua y ayudar al alumno en función de la misma.

Sin embargo, desde 2007 en la Comunidad de Madrid (y mediante el Decreto 30 y la Orden 1031 del año siguiente) se introduce un elemento especial en el sexto curso de enseñanzas profesionales, el último y definitivo antes de obtener la titulación, llamado tribunal de 6º, que se encarga de la evaluación final del alumno.  Y con este elemento llegó el escándalo y la confusión, porque mientras que en realidad el legislador no había variado su criterio de que todo es evaluación continua los profesionales asumieron erróneamente (?) que dichos tribunales iban a ser una prueba y que dicha prueba iba a ser realizada sólo y exclusivamente por los especialistas de cada instrumento y, por tanto, por los miembros de los departamentos que eran profesores del instrumento que cursaba el alumno pero no eran profesores del alumno, como exige la norma, rompiendo así la evaluación continua.

Craso error: nada más lejos de la realidad.

Lo que los profesionales supuestamente «creyeron entender» de inmediato, quizá por una interesada lectura metonímica apresurada y sesgada de la norma o quizá porque la inspección no fue capaz de reaccionar adecuadamente –todo esto por decirlo suave y disculpativamente sin que realmente se merezca tras tantos años–, fue, inconcebiblemente, que tales tribunales «se oponían radicalmente a que las calificaciones las hiciera exclusivamente el profesor del alumno, interfiriendo así en la evaluación continua y a todas luces chocando con la normativa previa», pues según esta falsa concepción se dejaba aparentemente en manos de un tribunal ajeno, y no en las de su profesor, la calificación final de ese sexto curso y, con ello, la obtención del título correspondiente, lo cual va contra la propia norma, que dice con claridad que sólo el profesor decide la calificación final.

Y calculando, parece ser que a principios del curso 2009-2010, en una reunión de directores de conservatorios profesionales, se pusieron de acuerdo definitivamente para interpretar la Orden de Evaluación de esta forma contraria a lo que realmente dice la norma, ¡sin que la inspección se opusiera!, generando así no sólo un muy discutible procedimiento académico en todos los conservatorios profesionales de la Comunidad de Madrid –con el que mediante un examen único de unos cuantos minutos contra la evaluación continua podía contravenirse y contradecirse el juicioso criterio del profesor de la asignatura, y sin que nadie controlase cómo se hacía dicho examen inexistente en la evaluación ordinaria– sino además un comportamiento ilegal a todas luces.

Lo asombroso es que la inspección en lugar de corregirlo asumiera el malentendido como correcto permitiéndolo –¡y que aún siga haciéndolo a pesar de ser claramente ilegal!– y añadiendo incluso todavía más desmanes legales [!] que a cualquier persona inteligente le resultaban obvios, todo de un modo muy parecido a lo que hacía el entrañable personaje del Inspector Clouseau en las películas de la Pantera Rosa. Verán cómo.

Ante las consultas de los conservatorios en el curso 2008-2009 sobre por qué no se podía hacer como en el plan 66 esos tribunales recién instituídos, a pesar de que no hubiera prueba alguna instituída para la evaluación ordinaria,  la inspección estudió el caso para la Subdirección General de Ordenación Académica y desde allí se dieron directrices a todos los conservatorios, instruídas por la inspección, recordando que los tribunales eran sólo una herramienta más de la evaluación continua –hasta ahí todo correcto– pero a la vez desdiciéndose, al dar instrucciones para que los departamentos establecieran un sistema de puntuación que permitiera que la nota de la evaluación continua que establecía el profesor fuera contravenida por la de profesores que no habían tenido absolutamente nada que ver con la formación del alumno examinado mediante ponderaciones resultantes de porcentajes de la nota de evaluación continua y la del tribunal [!].

Pero ¡ahí no acaba el caos!, porque se dejó que en cada conservatorio, en cada departamento incluso, se pudiera establecer un porcentaje para la ponderación completamente distinto. Como resultado, durante la última década –¡que ya está bien, y se dice pronto!–, dependiendo del departamento o conservatorio al que estuviera adscrito un alumno podía tener la suerte o la desgracia arbitrarias de encontrarse con ser un alumno excelente, por ejemplo, cuyo profesor así lo reconociese, pero que por cualquier circunstancia el tribunal lo valorase de otro modo en ese único momento y que en ese caso se hubiese determinado que la nota del profesor valiese sólo un 30% de la nota final del curso y la del tribunal un 70%. Y en el examen de al lado, o del conservatorio de al lado, un alumno adscrito a otro departamento u otro conservatorio podía estar en las mismas circunstancias que el otro pero del revés, es decir, que la nota de su profesor valga el 70% y la del tribunal valga el 30%.

Con lo cual, ¡atención!, el valor real académico de la calificación final de un alumno de 6º no tiene significado alguno siendo además una calificación irregular establecida arbitrariamente en agravio comparativo de departamentos y conservatorios, sin que la Alta Inspección parezca haberse enterado tampoco de nada en todos estos años [!].

¡EL FAQ (PREGUNTAS FRECUENTES) QUE TODO CONSERVATORIO PROFESIONAL DEBE CONOCER!

En estas circunstancias, muchos docentes dieron la voz de alarma al principio del problema explicando por qué estos tribunales no estaban siendo realizados como se debía. Pero como suele ocurrir, la Administración no les hizo ni caso, quizá porque la Administración nunca se equivoca y es omnisciente, ¿verdad?

Los años han pasado y como nada ha cambiado y se siguen realizando irregular y antiacadémicamente estos tribunales varios docentes nos hemos decidido a poner en manos de la comunidad internacional y del conocimiento público todos estos hechos, con el fin de que puedan ayudar a otras personas a actuar correctamente no aceptando ninguna otra cosa que no sea que se cumpla estrictamente la norma. Pero como sabemos que no todo el mundo suele tener acceso a este tipo de análisis, hemos fabricado un FAQ (acrónimo del inglés Frequently Asked Questions –preguntas frecuentes–) que no es más que un sencillo par de hojas que contienen todo lo que hay que saber fácilmente para realizar de un modo legal y académicamente correcto la evaluación final de 6º mediante los tribunales que la norma instruye en convocatoria ordinaria en los conservatorios de la Comunidad Autónoma de Madrid, España.

Así pues, aquí lo tenéis, pinchad sin miedo: FAQ (preguntas frecuentes) sobre los Tribunales de los exámenes de 6º curso de Grado Profesional en los conservatorios profesionales de música de la Comunidad Autónoma de Madrid, España. ¡COMPÁRTELO EN TODAS PARTES!

Si tenéis dudas no resueltas por el FAQ podéis aportarlas aquí mismo como comentarios y procuraremos resolvéroslas, aunque pensamos que todo lo que hay que saber para hacer las cosas bien está ya recogido en este documento. ¡Adelante, que nadie más vuelva a realizar incorrectamente estos tribunales!

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«Hago esta pregunta de cabecera reflejada en la viñeta porque igual que debemos ser capaces siempre de discernir lo irracional también hemos de poder darnos cuenta de cuándo pueda tratarse de cuestiones racionales de las que no tengamos el suficiente conocimiento, lo cual en sí mismo es muy delicado y requiere realmente del método científico para poder obtener algo de luz en sus profundidades.

El caso es que analizando los datos que han sido ofrecidos por los medios de comunicación y los que han aportado todos los testigos presenciales modernos y antiguos de los que tenemos noticia es obvio que si hay un fenómeno en extremo heterogéneo es el cajón de satre llamado fenómeno de «objetos voladores no identificados». Prácticamente cualquier cosa que no pise tierra –o que parezca que no lo hace– y que pueda ser observada por alguien que no pueda saber en ese momento qué es o cuyo testimonio no ofrezca posibilidades de identificación a terceros va a poder ser incluída dentro de esa grosísima y poco definitoria clasificación.

Si a eso le añadimos que no conocemos la totalidad de lo que existe en el propio planeta, no sólo en la superficie de los continentes, sino especialmente en todos los mares y océanos del mundo, donde se dice que apenas tenemos alguna constancia básica del 5% de lo que hay en ellos, no existe motivo alguno que justifique pensar que dicho fenómeno o.v.n.i. se trate necesariamente de seres inteligentes conductores de naves extraterrestres provenientes de viajes interestelares aparentemente imposibles. Más bien, sería mucho más lógico pensar que pudiéramos estar ante algún tipo de animales o entes biológicos –si no en la totalidad del fenómeno sí en buena parte de él– que hubieran podido comenzar el proceso de evolución mucho antes o mucho más rápidamente de lo que el que condujo hasta el homo sapiens pueda haber producido, por lo que incluso podrían llevarnos la delantera en algunos o muchos aspectos.

Por muy escépticos que podamos ser con los testimonios, además, parece que la mayoría de ellos conducen a pensar que la cohesión electromagnética de sus cuerpos no es tan densa como la nuestra –son capaces de atravesar objetos físicos sólidos y pareciera que es el campo electromagnético en el que realmente se desenvuelven– por lo que quizá su proceso de evolución siguió parámetros distintos incluso que los que condujeron a la especiación que conocemos. Por poco observadores que seamos, gran parte de los datos, además, muestran que si se trata de algún ente biológico está asociado de algún modo con el agua en todos su diversos estados, incluyendo la humedad de estratos muy altos de la atmósfera. Por eso quizá cada vez que se producen fenómenos acuáticos de densificación más o menos estables desde los estados gaseosos a estados líquidos, como brumas, nieblas, nubes de cierta densidad y extensión, tanto en horizontal como en vertical, es cuando las narraciones y los testimonios coinciden en que tendemos a poder verlos con mayor facilidad.

Muchas más cosas habría que considerar que no son tan obvias como las recién mencionadas pero que forman igualmente regularidades que pueden estudiarse en torno a todos los datos arrojados por estos fenómenos a lo largo del tiempo que no sería cuestión de mencionar en un simple y breve mensaje como éste, mensaje cuya única y humilde pretensión es llamar la atención sobre el hecho de que aunque nuestros conocimientos científicos y la tecnología derivada de ellos son para nosotros en estos momentos un enorme avance en comparación con nuestro estadio del conocimiento del universo de épocas muy cercanas, sin embargo, debemos ser conscientes de que estos conocimientos no cubren más que el comienzo de una infinitesimal porción de lo que, a tenor de los estudios físico-matemáticos, parece ser la realidad y, por tanto, debemos ser pacientes e inteligentes para valorar y dimensionar adecuadamente nuestra ignorancia y todo aquello que nos falta aún por saber para poder acelerar nuestro camino para poder conocerlo de un modo real, sólido y pragmático.

Por eso entiendo que la criptozoología real, la criptozoología científica –no la que se arroga falsamente dicho nombre y simplemente se dedica a coleccionar y fomentar misterios artificiales para el fomento del turismo y las economías locales–, sí debería ser una ciencia cuyo campo de trabajo fuera el estudio de toda la fenomenología asociada a avistamientos verificables de este tipo de entes o animales –que, además, parecen siempre ser inteligentes debido a sus comportamientos en relación a nosotros–, así como el establecimiento discerniente y discriminatorio de o bien su existencia directa o bien su naturaleza como fenómenos de espejismo de diversa índole o bien, incluso, su realidad constitutiva de fenómenos de emergencia como resultado de la interacción de varios subfenómenos, y así ir pudiendo sentar las bases para la investigación de la parte de la realidad de la que aún no conocemos más que apenas sus sombras fugaces cuando tenemos la fortuna de que se nos muestren.

Es ahora que varios gobiernos mundiales comienzan ya, ante la abrumadora cantidad de evidencias insilenciables, a reconocer la existencia real del fenómeno o.v.n.i. cuando deberíamos aprovechar para estructurarlo a través de investigaciones fidedignas desde una ciencia que impidiese que, en adelante, los charlatanes pudieran seguir viviendo de nuestra ignorancia en un tema que, precisamente, podría llegar a ser fundamental para una mejor comprensión del funcionamiento de la vida, y de las posibles formas de vida inteligente, en el vastísimo universo.» [Agustín Barahona]

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